2026-06-18

Salas

Crítica de “Tristán y los días por venir”: retrato íntimo del crecimiento de un joven trans

Aproximadamente un año después del estreno del documental Cuidadoras (2025) -el cual seguía la experiencia laboral de tres mujeres trans en un geriátrico público de Buenos Aires-, Martina Matzkin y Gabriela Uassouf presentan Tristán y los días por venir (2026). Nuevamente atravesado por la temática trans con perspectiva de género, el presente documental de observación registra la vida de Tristán Miranda desde sus catorce hasta sus veintidós años de edad en la actualidad. Las directoras conocieron al protagonista durante el casting del cortometraje El nombre del hijo (2020), cuyo rol principal deseaban fuera interpretado por un varón trans y fue él quien quedó seleccionado para el mismo.   

El largometraje es definido por sus realizadoras como un “retrato del crecer”, lo que en cierto modo también permite enmarcar al relato y su recorte dentro del género cinematográfico del coming of age. Además del crecimiento tanto etario como emocional de Tristán, la cámara registra su proceso de transición de género, que incluyen el cambio de nombre en su documento de identidad y hormonización. Todo ello bajo una lente íntima pero no invasiva, llena de respeto y empatía que nos invita a descubrir que “tanto crecer como transicionar son procesos sin fin, posibles en comunidad”, después de todo “nadie se salva solo”.

Tristán y los días por venir, se zambulle en la mente de un adolescente y sus inquietudes, pero que también son compartidas con sus amigos/as, las preocupaciones por el porvenir propias de la adolescencia, un momento en el cual se comienza a tomar decisiones y se entiende que posteriormente deberemos hacernos cargo de las mismas. En este proceso de elecciones Tristán no está solo, afortunadamente su familia lo acompaña, a diferencia de otros y otras jóvenes él tiene la fortuna de ser comprendido y apoyado por su entorno. Al respecto, un personaje fundamental del relato cuyas emociones o acción interna hubiese sido interesante oír más es el de la madre -aparentemente joven- de Tristán, Virginia cuyo constante contención y entendimiento resultan conmovedoras, pero también coloca límites “en esta casa se trabaja y se estudia”.

El viaje identitario de Tristán que propone el documental es dual, por un lado, desde su identidad de género y por el otro su vocación artística. Desde la elección de su nuevo nombre para poder convertirse o mejor dicho comenzar a exteriorizar su verdadero ser, hasta los coloridos cambios en su cabellera que junto a sus dibujos funcionan como metáfora y expresión de su devenir como individuo con alegrías y tristezas, con cambios emocionales en su proceso de transición de género y hacia la adultez. En el retrato de Tristán resalta su autodeterminación, conciencia y el estar presente en cada una de sus elecciones en la búsqueda del tipo de persona desea convertirse. Su sensibilidad y compromiso social también se expresan en su pasión por la ilustración. Especialmente parece gustarle la estética del anime, quizás esto no sea casual es muy común encontrar en dichas obras personajes con identidades fluidas, trans, no-binarias o andróginas que escapan a las etiquetas tradicionales.

En conclusión, uno de los mayores aciertos del documental surge de una simple línea de diálogo registrada en una charla del protagonista con otros/otras jóvenes trans, donde reflexionan que la existencia trans no tiene por qué ser sufrida, hay otra posibilidad. El padecimiento no debería ser intrínseco a ser trans, tal como habitualmente es presentado por la sociedad y por otros discursos. Porque “por queer se debería entender el atributo distintivo de un comportamiento que, sin ser de este mundo, se atreve a hacerse presente en él, sin tener cabida en la realidad” (Echeverría Bolívar, 1997).

Sin embargo, por momentos el relato da por sentado algunas cuestiones o complicaciones de una realidad más dificultosa que lo visible, que a lo mejor requería ser profundizada. Las realizadoras explicitan que la línea narrativa está atravesada por los cambios sociales, históricos y políticos del contexto actual “el país en el que comenzamos a filmar esta película era bastante distinto al de hoy. El gobierno actual argentino ejerce un ataque directo sobre las diversidades. A la par que fomenta el odio hacia la comunidad LGBTIQ (…) Crecer en estos años, para Tristán, fue aprender a defender sus derechos (…) en los días por venir”.

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