2026-05-28

Salas

Crítica de “Amarga Navidad”: Almodóvar y un melodrama sobre los límites entre arte y vida

Escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, Amarga Navidad (2026) explora el proceso creativo de un guionista y director de cine, en donde como menciona uno de los personajes del relato, “la realidad se termina colando” en la ficción o en el arte. Con una estructura narrativa dual característica del realizador español, en la cual un relato enmarca a otro, con dos líneas temporales distintas la enunciación alterna entre dos historias: en la actualidad Raúl (Leonardo Sbaraglia), un artista consagrado, escribe el guión de su próxima película ambientada veinte años antes, en 2004 año importante para el creador pues allí comenzó a padecer ataques de pánico, síntoma que se traslada a la protagonista de su historia Elsa (Bárbara Lennie), una directora de cine que trabaja principalmente en publicidad.

De forma similar que en Dolor y gloria (2019), el protagonista Raúl, nuevamente un cineasta, funciona como alter ego del propio Almodóvar. Mientras que Salvador, el protagonista de Dolor y gloria atravesaba una crisis de creatividad, aquí Raúl, sigue afirmando su vocación y posee una necesidad imperiosa por escribir este relato protagonizado por mujeres situado en 2004, año significativo en la vida real de Almodóvar puesto que estrenó exitosamente La mala educación (2004). Hay varios indicios de que Raúl representa “el otro yo” o “un otro yo” de Almodóvar: la abundante cabellera blanca, la profesión, su expresa homosexualidad, su vinculo con la comunidad LGTBIQ, el reconocimiento internacional, los libros de artistas visuales en su biblioteca (es sabido que Pedro es un gran aficionado de las artes plásticas y coleccionista) y el duelo por la muerte de su madre.

Este último aspecto, la muerte de la madre del artista y su correspondiente duelo, es un tema recurrente en su obra reciente, como por ejemplo en su texto literario “El último sueño” (2023), el relato homónimo que da título al libro completo fue escrito durante las horas posteriores al fallecimiento de su madre con melancolía. Una vez más en Amarga Navidad, la escritura y la dirección de cine se mezclan -como en la vida- de forma indisoluble para dar sentido a su carrera.

Al igual que el protagonista de Dolor y gloria, Elsa (Bárbara Lennie), es una artista y padece dolores físicos que manifiestan los dolores del alma. Ese relato que se enmarca como una ficción dentro de la otra ficción, narra la historia de amor entre Elsa y su novio Bonifacio (Patrick Criado) y los vínculos afectivos con sus amigas Patricia (Victoria Luengo) y Natalia (Milena Smit). Asimismo, esa hermandad entre mujeres (sincera y con discusiones) fue explorada en su anterior largometraje La habitación de al lado (2024).

En esta historia, como en gran parte del cine de Almodóvar, está presente el género del melodrama: la enfermedad (las migrañas y los ataques de pánico), los breves momentos en ambulancias y hospitales, las muertes trágicas (en este caso solo mencionadas), el amor interclasial y el desamor. Pero con el toque almodovariano que actualiza y reescribe el género, el romance pasará de heterosexual a homosexual y las enfermedades ya no son sólo “físicas” sino más bien mentales, acorde a los tiempos que corren. Quizás por eso en la ambientación de este relato se utilizan mucho los colores de la bandera de México, país que hasta la actualidad sigue dando relevancia al melodrama. En palabras de Elsa, “el cine tiene algo de premonitorio”, y para ellos el melodrama con su intriga de predestinación es el género por excelencia.

Aquí con canciones como “Las simples cosas” (Amaia Romero), “La llorona” y “Amarga Navidad” (Chavela Vargas), mediante voces femeninas se expresa el dolor y la melancolía compartida por las mujeres porque “Uno vuelve siempre a los viejos sitios Donde amó la vida (…) Que el amor es simple Y a las cosas simples las devora el tiempo”. La canción “La llorona” no es solo incluida de forma sonora, sino que visualmente se utiliza la escena de la biopic Frida (2001), nuevamente el género del melodrama se hace presente. Y resulta más que pertinente porque en el cine de Almodóvar, al igual que en la vida, las mujeres lloran. Por último, “Amarga Navidad” -que da título al largometraje- poetiza el fin de un amor en diciembre, ¿no es acaso una época del año para cerrar algunas etapas y abrir otras tal como lo hacen los personajes de la película?

A su vez, ese paralelismo entre ambas historias donde varios personajes terminan funcionando como un conglomerado o como una representación o alter egos de otros personajes, también se materializa en el duelo: hay duelos a las madres (no puede faltar en su cine, aunque sea la presencia mínima del “melodrama de madre”), pero también duelos a los hijos, cargados de dolor y de culpa. Asimismo, el filme esboza sutilmente cuestiones como la violencia de género o los vínculos tóxicos. 

En Amarga Navidad, el rojo y el celeste saturados que caracterizan las ambientaciones del cine de Almodóvar se hacen esperar o se utilizan con menos frecuencia, quizás porque en su madurez el realizador elige la austeridad tanto en forma como en contenido. Este relato es más simple, menos enroscado y menos perverso que otros, aunque también quizás resulta un poco menos potente y original. Posiblemente sea el relato más metadiscursivo del autor, porque más allá de los elementos autobiográficos mencionados anteriormente y sus recurrentes reflexiones entre los lindes del arte y de la vida, Almodóvar explicita con comicidad reflexiones sobre el cine. Se burla con inteligencia sobre lo que se entiende popularmente por “películas de culto”: parafraseando el parlamento de Elsa que las define como “películas que a nadie le interesan, pero un pequeño grupo las adora”, allí se cuela el sentido de humor y la ironía de Pedro. Además, reflexiona acerca de la situación del cine actual (“profesión como la nuestra agonizante”) y las plataformas de streaming, y sobre las reiteraciones en la obra de un artista, como dice uno de los personajes “suena a algo que ya has hecho”.A diferencia del cine de Tarantino, quien, sí cree en la justicia poética o narrativa, Almodovar parece no creer en ella: “salvar, la ficción no tiene ese poder”, algo curioso porque tanto este filme como Dolor y gloria parecen expresar algo del poder sanador o reconciliador del arte. En síntesis, Amarga Navidad expone la estrecha relación entre realidad y ficción, entre la inspiración y la vida, planteando el debate sobre los límites de la “autoficción”. Una de las escenas más sobresalientes del filme, donde los personajes de Sánchez-Gijón y Sbaraglia, “se cantan verdades”, en una conversación sincera, con honestidad brutal, que también funciona como un culto a la amistad.

Por ende, la obra reflexiona sobre qué tan apropiado o ético es utilizar las tragedias personales o de los seres queridos para la inspiración artística. No es casual que Almodóvar situé en otra secuencia a Raúl saliendo de un cine en el que proyectan Peeping Tom (1960), en la cual un hombre asesina mujeres, utilizando una cámara para filmar sus expresiones de terror al morir. Salvando las distancias, de igual modo Almodóvar logra representar la mente femenina de forma única a través de la pantalla. Según Martin Scorsese, Peeping Tom evidencia cómo funciona el dispositivo cinematográfico, su proceso y la confusión entre objetividad y subjetividad.

Esos lindes difusos entre la vida y la obra de un artista, y la complejidad de los planos narrativos -pues Elsa también se encuentra escribiendo el guión de su próxima película- representa la tesis principal de Amarga Navidad. La repetición de Almodóvar sobre algunas cuestiones parece ser consciente y en cierto modo una burla metadiscursiva o barroca, aunque sí quizás se puede objetar que en el desenlace se sobre explica, explicitando las correspondencias del esquema actancial, y en este sentido subestima un poco la inteligencia del espectador o tal vez el conocimiento que éste tiene sobre su cine.

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