2026-05-20

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Crítica de "Terremoto: La falla de San Andrés": Sálvese quien pueda

En distintas ciudades de Estados Unidos comienzan a registrarse movimientos telúricos cuya magnitud y origen desconciertan a la comunidad científica. Los fenómenos avanzan hacia el norte y un grupo de especialistas intenta encontrar respuestas: todo apunta a la Falla de San Andrés, cuyos desplazamientos podrían desencadenar terremotos de intensidad extrema, cercanos a niveles 9 o 10 en la escala sísmica.

En ese contexto, un piloto de rescate (Dwayne Johnson) logra comunicarse con su ex esposa (Carla Gugino) para intentar sacarla de California antes de que la situación empeore. Su hija también corre peligro en San Francisco. A bordo de su helicóptero emprende una carrera contrarreloj, pero una serie de terremotos de gran escala convierte cada intento de rescate en una misión casi imposible.

La construcción del personaje interpretado por Dwayne Johnson —un héroe capaz de resolver cualquier situación, atravesado por un pasado traumático y una familia fracturada— resulta difícil de sostener. Aunque el actor aporta presencia física y energía a un relato que también busca funcionar como película de acción, el desarrollo dramático ofrece poco margen para generar otra dimensión narrativa.

La película recurre de manera constante a lugares comunes del cine de catástrofes estadounidense: diálogos previsibles, romances armados a partir de fórmulas conocidas y escenas donde personajes al borde de la muerte encuentran una salida improbable. Todo responde a una estructura simplificada: el padre que intenta recomponer su vida, la familia rota que busca reunirse y personajes secundarios construidos para completar un recorrido emocional sin demasiadas capas.

Lo que conserva impacto son las secuencias de destrucción. Los terremotos y el despliegue visual encuentran en el formato 3D un espacio donde la puesta en escena alcanza su mayor potencia. Sin embargo, cuando la devastación deja de ocupar el centro del relato, aparecen las limitaciones de una película que transita caminos demasiado conocidos.

No es una propuesta fallida, pero sí una experiencia que puede dejar una sensación de distancia una vez terminado el recorrido. Aquí no hay criaturas de otros mundos ni amenazas sobrenaturales: solo la tierra liberando su fuerza. Aun así, el resultado permanece lejos de aquellas películas de desastres que lograban combinar espectáculo y construcción dramática con mayor equilibrio.

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