Gaumont
Crítica de “Una y mil veces”: uruguayos en Nicaragua detrás de una utopía
“Hay que hacer algo para que la historia no se olvide”, se escucha al inicio del documental Una y mil veces (2025). A partir de esa premisa, la película se propone rescatar la lucha de un grupo de uruguayos que apostaron por la revolución sandinista en Nicaragua, recuperando sus experiencias desde la memoria viva.
Los militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros aparecen hoy envejecidos, atravesados por el paso del tiempo. Uno de ellos, Héctor “Meme” Altesor, fallecido en 2020, se convierte en una presencia clave en este ejercicio de reconstrucción. La iniciativa de levantar una lápida en suelo nicaragüense, junto a Pedro —compañero caído en combate—, funciona como disparador narrativo: un gesto concreto que impulsa la recuperación audiovisual de esa historia y su transformación en memoria colectiva.
En el contexto de los sucesivos golpes de Estado en América Latina —en países como Chile, Uruguay y Argentina—, muchos militantes recibieron la recomendación de exiliarse en Cuba. Sin embargo, la coyuntura en Nicaragua ofrecía otro frente de combate, y los tupamaros uruguayos decidieron sumarse a la causa sandinista. El encuentro con Fidel Castro, el cruce con Mario Benedetti en un aeropuerto, los viajes clandestinos a Costa Rica y los recuerdos de las familias que dejaron atrás conforman un mosaico de vivencias atravesadas por una convicción común. “Nos sentimos latinoamericanos antes que uruguayos”, afirman con orgullo.
El director Ernesto Fontan construye así una película profundamente emotiva, que convierte la anécdota en una herramienta para poner en valor la lucha, los ideales y las utopías revolucionarias en América Latina. Un ejercicio de memoria que no solo mira hacia el pasado, sino que también interpela el presente.