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Crítica de “El encargado 4”: Guillermo Francella y la estrategia ¿final? de Eliseo
El encargado 4 retoma la historia exactamente donde había quedado: en la mismísima Casa Rosada, con Eliseo (Guillermo Francella) siendo convocado por el presidente (Arturo Puig). Sin embargo, ese prometedor encuentro pronto dilata la posible colaboración política del encargado, desplazándola en función de otras urgencias más inmediatas.
Por un lado, Matías Zambrano (Gabriel Goity) regresa al edificio junto a su esposa, completamente obsesionado con desplazar a Eliseo a cualquier costo. Para lograrlo, arma un complot que involucra a otro encargado, Gómez (Manuel Vicente), al administrador y a un par de abogados amigos.
A este entramado se suman figuras ya conocidas para reforzar esta cuarta temporada: Daniel Aráoz (Froilán), Miriam Odorico (Susana Barreto), Luis Gianneo (Garrido), Micaela Riera (Marina), Agostina Inella (Lola), Martín Slipak (Maxi), Mónica Raiola (Martucha), Azul Fernández (Chiara Di Lella), Viviana Puerta (Romina Zambrano), Alan Sabbagh (Nacho Barreto), José María Listorti (Quico Morales) y Alejandro Paker (Messina). Además, el recientemente fallecido Luis Brandoni reaparece como el linyera de la plaza, en una presencia que adquiere un peso particular.
La serie creada por Mariano Cohn y Gastón Duprat recupera lo mejor de sus temporadas anteriores para construir un cierre con tintes épicos, o al menos eso se anuncia. No apuesta por una renovación profunda, pero sí logra reconectar con la mística de las primeras entregas, algo que se había diluido en la tercera, especialmente sin la participación de Goity.
En ese sentido, la temporada funciona como una suerte de “grandes éxitos” de la serie: regresan personajes, dinámicas y running gags esperados, como el dinero acumulado por Eliseo y su constante provocación a Zambrano, el desprecio hacia otros encargados más humildes, su habilidad para manipular figuras de poder —desde un presidente hasta el actor colombiano de Pedro el escamoso— y, por supuesto, su meticulosa estrategia para recuperar el control absoluto del edificio.
Lo que esta cuarta entrega deja más en claro es que la serie no funciona tanto como una ácida sátira social sobre la Argentina —aunque conserve algo de ese registro—, sino más bien como una fábula oscura sobre la lógica de la sociedad y su modus operandi. En este tramo, Eliseo Basurto se revela abiertamente como un psicótico, dispuesto una vez más a manipularlo todo con tal de acumular poder y manejar los hilos en función de su conveniencia. El resultado es un relato sombrío que, finalmente, termina por despegarse de cualquier anclaje realista.
El encargado 4 no tiene el efecto sorpresa de la primera temporada ni la audacia narrativa de la segunda. Sin embargo, logra corregir los errores que convirtieron a la tercera en la más floja de la saga, para ofrecer un final que, aunque reiterativo, resulta eficaz. Puede que no arriesgue demasiado, pero tampoco decepciona.