2026-04-24

Crítica de "Dead Man's Wire": Gus Van Sant y su Prime Crime: A True Story

La trama de Prime Crime: A True Story (Dead Man's Wire, 2025) sigue a Tony Kiritsis (Bill Skarsgård), un empleado inmobiliario que, asfixiado por lo que considera una estafa empresarial, decide secuestrar al hijo de su jefe (Dacre Montgomery). Lo que inicia como un acto criminal deriva en un fenómeno social inesperado: la transformación del secuestrador en un héroe popular proscrito.

La premisa del filme es ingeniosa. El protagonista ejecuta un plan tan singular como aterrador: vincula a su rehén mediante un complejo sistema de alambres conectados al gatillo de una escopeta. Este dispositivo, que garantiza la ejecución inmediata ante cualquier movimiento, funciona como una metáfora visual de la presión social y la búsqueda desesperada de una justicia que el sistema le negó.

La película es una carta de amor al cine policial de los años setenta. La atmósfera se apoya en una solvente partitura de jazz compuesta por Danny Elfman, evocando inevitablemente a clásicos como Tarde de perros (Dog Day Afternoon, 1975). En un guiño magistral a esa herencia, el propio Al Pacino —protagonista del filme de Sidney Lumet— asume el rol del avaro dueño de la inmobiliaria, cerrando un círculo narrativo impecable.

Bajo el guion de Austin Kolodney, la película se estructura como un thriller de "tiempo real". Van Sant logra equilibrar una tensión claustrofóbica con sutiles destellos de humor negro. La dirección adopta el estilo documental contemporáneo, intercalando metraje de archivo y crónicas periodísticas de la época que refuerzan la veracidad del relato y subrayan su relevancia social.

Con este filme, Gus Van Sant se aleja de su vertiente más intimista y contemplativa (Elephant, The Last Days) para demostrar su oficio narrativo dentro del cine de género. Sin abandonar su aguda crítica social, entrega una película dinámica y accesible.

Por su parte, Bill Skarsgård se consolida como uno de los actores más magnéticos de su generación. Su interpretación sostiene el peso emocional del film, y logra dotar a su personaje —un hombre de limitaciones intelectuales pero con un inquebrantable sentido ético— de una humanidad que obliga al espectador a cuestionar quién es el verdadero villano de la historia.

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