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Crítica de “By His Hand”: Los hermanos Paur y el renacer del horror
By His Hand (2025) se presenta, en apariencia, como un relato de terror satánico clásico, pero pronto subvierte esas coordenadas para convertirse en una exploración más compleja sobre la identidad y el condicionamiento emocional.
La película sigue a Emma (Ryann Bailey), una joven criada dentro de una secta fundamentalista liderada por Fowler. Tras un último acto de sometimiento, decide huir con la ayuda de Sam (Chase Ramsey), otro miembro atrapado entre la culpa y la rebeldía. Sin embargo, la fuga no implica una liberación inmediata, sino el inicio de una crisis más profunda: cómo reconstruirse por fuera de un sistema que moldeó cada aspecto de su subjetividad.
Con un equipo creativo vinculado a la serie Yellowstone, el film redefine el concepto de horror al correrse del sobresalto fácil o de lo estrictamente sobrenatural. Aquí, el terror se construye desde una dimensión más densa, ligada a la internalización del miedo. Dirigida por Taylor Paur y escrita junto a su hermano Ethan Paur —quien colaboró en Hereditary (El legado del Diablo) de Ari Aster—, la película se nutre de experiencias personales que los realizadores atravesaron junto a su hermano Conor Paur, productor del proyecto. Esa impronta autobiográfica aporta una verosimilitud poco frecuente dentro del género.
Ambientada en la ruralidad de Utah, la puesta en escena utiliza el paisaje como una extensión emocional del conflicto. La carretera, en particular, funciona como un espacio simbólico donde el desplazamiento físico se traduce en un tránsito mental. En este sentido, la película dialoga con Hereditary, donde el horror opera como catalizador de tensiones familiares e identitarias.
El camino hacia la libertad se configura, así, como un recorrido introspectivo hacia la redefinición del yo. Este desplazamiento convierte a By His Hand en una obra más cercana al drama psicológico que al terror convencional. Si bien se pueden rastrear vínculos con Yellowstone en el tratamiento del espacio y las relaciones de poder, aquí todo se condensa en una escala más íntima y emocional.
Ryann Bailey construye una protagonista atravesada por la fragilidad y la resistencia, evitando el estereotipo de “víctima” para dar lugar a un personaje en constante mutación. Por su parte, Chase Ramsey aporta una ambigüedad clave: su Sam oscila entre la complicidad y el sometimiento, encarnando las tensiones de quien intenta desprenderse de una estructura que todavía lo define. En esa dinámica, ambos actores logran transmitir con precisión el peso del trauma compartido. A esto se suma el trabajo de Steve Luna, quien compone una figura inquietante desde lo psicológico más que desde lo físico, reforzando la idea de que el verdadero monstruo es el control internalizado.
By His Hand toma los tópicos del folk horror como punto de partida para luego desplazarse hacia un relato sobre la reconstrucción identitaria. Su núcleo temático radica en cómo el trauma persiste incluso después de la huida y en la dificultad de pensarse por fuera de una estructura que alguna vez lo definió todo.