2026-04-18

Netflix

Crítica de “Ronaldinho”: El último bailarín del fútbol

Ronaldinho (2026) reconstruye en tres episodios la vida y la magia del astro, acaso el último gran exponente de un fútbol donde la fantasía prevalecía sobre la exigencia física. En ese sentido, la serie no solo revisita una carrera, sino también un modo de entender el juego que hoy parece en retirada.

El relato articula el pasado juvenil de Ronaldo de Assis Moreira —su nombre real— con su entorno íntimo: la influencia decisiva de su hermano y representante, el ex futbolista Roberto de Assis Moreira, y el sostén familiar que funcionó como base emocional de su carrera. A partir de allí, el documental adopta una estructura deportiva clásica, organizada en torno a sus hitos en el campo de juego: desde sus inicios en Grêmio, su consolidación en Paris Saint-Germain, hasta su consagración global en FC Barcelona.

También se detiene en su temprana conquista del Mundial 2002 con Brasil, un logro que consolidó su identidad competitiva sin sacrificar su estilo lúdico. En ese recorrido aparecen vínculos con figuras clave del fútbol contemporáneo, como Lionel Messi, con quien compartió cancha en sus años en Barcelona, funcionando casi como un puente generacional entre dos formas de genialidad.

La serie propone una idea central que atraviesa todo su desarrollo: Ronaldinho como “el último bailarín del fútbol”, emblema del "jogo bonito". Su juego como el de Pelé o Maradona, basado en la improvisación, la gambeta y la invención constante, contrasta con el presente del deporte, cada vez más dominado por la optimización física, la táctica rígida y el rendimiento medible. 

La miniserie mantiene un tempo ágil y envolvente. Su montaje favorece la continuidad emocional, generando una experiencia dividida en tres partes que se consume de manera casi compulsiva. Hay una clara intención de construir una épica, donde cada episodio funciona como un movimiento dentro de una misma sinfonía narrativa.

La miniserie Ronaldinho convierte el estilo del crack brasileño en lenguaje audiovisual: traduce su talento en forma cinematográfica. Como el propio Ronaldinho, la serie es irregular por momentos, pero siempre fascinante, y cuando alcanza su mejor versión, se transforma en una auténtica pieza de ballet audiovisual.

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