2026-04-12

Dos libros recientes que interrogan arte, fe y amor

Novedades literarias: entre Dante y la pasión moderna

Hay libros que buscan explicar y otros que parecen diseñados para incomodar. La inutilidad del arte y de Dios, de Patricio Di Nucci, y Cecilia, de Benjamin Constant, editados por Luz Fernández, operan en ese cruce: uno desde la reflexión teórica, otro desde la ficción, pero ambos tensionan la idea de sentido en la experiencia humana.

No es casual que lleguen juntos. Funcionan como contrapunto. Mientras uno se apoya en una tradición que piensa el arte como exceso, el otro se interna en la intimidad de un sujeto que no logra ordenar su deseo.

 En el libro de Di Nucci, la inutilidad no aparece como carencia, sino como forma de don. La idea se despliega a partir de la lectura de La Divina comedia de Dante Alighieri, no como objeto cerrado sino como territorio de interpretación.

El ensayo propone dos líneas de trabajo: una dimensión antropológica, centrada en cómo el poema construye una imagen del ser humano, y otra soteriológica, que sigue el recorrido espiritual del protagonista en el más allá. En ese cruce, el autor instala una pregunta: ¿qué lugar ocupa el arte cuando no responde a una lógica productiva?

El recorrido de Dante permite a Di Nucci pensar el tránsito entre mundos como un sistema de sentido. El orden medieval no aparece aquí como dato histórico, sino como una estructura que organiza la experiencia.

El resultado es un libro que funciona tanto como introducción a Dante como ensayo autónomo. Su apuesta está en desplazar la lectura tradicional y proponer que el arte, lejos de ser útil, persiste precisamente por su capacidad de escapar a esa exigencia.

 Cecilia, de Benjamin Constant, se mueve en otro registro. Se trata de una novela breve que profundiza en la dinámica de las relaciones amorosas, llevando al extremo una línea ya presente en Adolfo.

El dato editorial no es menor: el propio Constant evitó su publicación en vida. La razón aparece en el texto mismo, donde la narración deja entrever una dimensión autobiográfica que incomoda.

El relato se construye a partir de una mirada que no busca justificar ni embellecer. La pasión aparece como un sistema de fluctuaciones, donde el sujeto se reconoce sometido a su propio deseo.

Lo que emerge es una escritura que analiza la relación amorosa como una forma de dependencia. No hay redención ni aprendizaje evidente, sino una exposición de los límites del control sobre la propia experiencia afectiva.

Si el ensayo de Di Nucci propone que el arte encuentra su potencia en lo que no produce, la novela de Constant muestra un sujeto atrapado en una lógica que tampoco conduce a una finalidad clara. En ambos casos, lo que se pone en juego es la relación entre sentido y experiencia.

El cruce no es evidente, pero se vuelve productivo. Uno trabaja sobre la tradición y el otro sobre la intimidad, pero ambos coinciden en una idea: hay zonas de la vida que no se organizan bajo criterios de utilidad.

Leerlos en simultáneo permite detectar esa tensión. No como conclusión, sino como punto de partida.

Te puede interesar