Salas
Crítica de "Las catadoras del Führer": la guerra vista desde la mesa del dictador
Las catadoras del Führer (Le Assaggiatrici, 2025) es un drama que inicia en 1943 y finaliza a fines de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. La coproducción de Italia, Bélgica y Suiza, está dirigida por Silvio Soldini quien escribió el guión junto a Doriana Leondeff y Lucio Ricca, transponiendo la novela “Le Assaggiatrici” (“La Catadora”, 2018) de Rosella Postorino. Ambos relatos se basan en la historia de vida de Margot Wölk, Rosa en el film, una mujer que fue reclutada junto a otras seis mujeres para probar previamente los alimentos de Hitler, con el fin de evitar su envenenamiento y por ende su asesinato.
Ambientada en un pueblo cercano a la frontera oriental, en un bosque se encuentra la “Guarida del Lobo”, el cuartel general de Hitler. Allí son trasladadas las jóvenes siete mujeres, forzadas por la SS a probar dos veces al día la comida destinada al dictador nazi, a cambio de conservar sus vidas y algo de dinero. Luego de exámenes médicos que corroboren su estado saludable y posteriormente bajo amenaza de muerte, las mujeres son obligadas a comer con incertidumbre y luego deben esperar inmóviles una hora. Si ninguna se desvanece fulminada, Hitler -a quien nunca vemos durante el largometraje- puede comer tranquilo.
Entre el miedo y el hambre ocasionado por la devastadora guerra, Las catadoras del Führer, explora cuestiones como la supervivencia, la tensión, pero también la sororidad y empatía entre mujeres, de quienes se desprenderán diversos vínculos tras compartir tan traumática experiencia. Este grupo mujeril está compuesto a grandes rasgos por damas solteras, viudas, inmigrantes, desprovistas o al cuidado de otros, pero sobre todo vulnerables ante la opresión de la guerra. La película retrata la guerra desde un lugar íntimo y profundamente femenino, es decir que posee perspectiva de género.
Allí se representa acertadamente la vulnerabilidad de las mujeres en un mundo patriarcal, así como también otros temas como el aborto o el hecho de una de ellas ser (secretamente) una doble minoría social: mujer y judía. Dicho personaje que no se mencionara aquí para evitar el efecto sorpresa del relato, debe atravesar una doble fragilidad, es oprimida por mujer y debe esconder su identidad para no ser perseguida y asesinada por judía. Por otro lado, la protagonista Rosa (Elisa Schlott), también aporta romance a la trama, forjando un vínculo inesperado con uno de los oficiales de la SS, Albert (Max Riemelt). Este hombre dará cuenta de la ambigüedad de los personajes, no hay una clara dicotomía entre buenos y malos, sino psicologías complejas y ambiguas con debates éticos constantes.
En conclusión, Las catadoras del Führer, mediante la elección de un recorte y perspectiva muy original de la Segunda Guerra Mundial, deja entrever que detrás de toda esa virilidad y valentía aparente de los militantes nazis, se escondían actitudes canallas y cobardes: ¿Por qué elegir un grupo de mujeres para catar la comida del Führer y no hacerlo ellos mismos u otros hombres? El filme sin dudas permite sentidamente reflexionar sobre las dinámicas opresivas de género, tanto pasadas como presentes.