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Crítica de “La única opción”: Park Chan-wook y la cacería por una vacante
Presentada en el Festival de Cine de Venecia, La única opción (No Other Choice, 2025) plantea una parábola extrema sobre el mercado laboral contemporáneo. «Si no hay un puesto para mí, tendré que crear uno. No tengo otra opción», sentencia el protagonista, resumiendo la ética del naufragio que mueve el filme.
Protagonizada por Lee Byung-hun (I Saw the Devil) y Son Ye-jin (The Last Princess), la historia sigue a Man-su, un hombre despedido de la papelera donde trabajó durante 25 años. Tras el fracaso de una búsqueda laboral implacable y asfixiado por la necesidad de mantener el estatus de su familia, Man-su llega a una conclusión radical: la única forma de acceder a la vacante de gerente es eliminar, físicamente, a su competencia. Lo que inicia como una crisis de empleo se transmuta en una cacería violenta por la supervivencia, donde el protagonista está dispuesto a cruzar cualquier límite ético con tal de recuperar su lugar en la pirámide social.
Resulta inevitable trazar un puente con Costa-Gavras, quien en 2005 exploró una premisa similar en La corporación (Arcadia), basada en la misma novela: The Ax, de Donald Westlake. Sin embargo, la diferencia fundamental aquí reside en el humor corrosivo del cineasta coreano. Park Chan-wook realiza un buceo en la miseria del instinto de supervivencia con un preciosismo y un detalle que parecen exclusivos del nuevo cine surcoreano. En sus manos, el descenso a los infiernos de Man-su no es una tragedia convencional, sino una farsa; un chiste de mal gusto que el destino —o el sistema— le tiene preparado.
La película disecciona distintas facetas de la degradación: el arrastrarse hacia la humillación por sostener las apariencias, la autoexplotación para mendigar la condescendencia ajena y el uso de medios criminales para fines personales. Son expresiones de una miseria humana inserta en un engranaje social que perdió su humanidad hace tiempo.
Park Chan-wook entrega una comedia negrísima sobre un sistema que desprecia al individuo y lo obliga a aniquilar a sus pares por la mera subsistencia. La única opción reflexiona, bajo este prisma, sobre la automatización del mercado, la deshumanización del oficio y el "sálvese quien pueda" que desintegra cualquier noción de comunidad.
Si bien por momentos el metraje puede resultar excesivo en su violencia o denso emocionalmente, es ahí donde emerge la genialidad del realizador de Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengeance (2005). Park retrata el sinsentido de las ambiciones modernas mediante una maestría en la hibridación de géneros: el filme transita del drama humano al thriller psicológico, pasando por la comedia disparatada, sin perder nunca un ritmo vertiginoso. Sus movimientos de cámara y encuadres extrañados capturan con precisión los caminos erráticos y la psique fracturada del protagonista.
Park Chan-wook maneja el dispositivo cinematográfico como pocos. Utiliza una estética preciosista para envolver una tragedia laboral contemporánea que, con un humor quirúrgico, golpea directamente en las grietas del sistema.