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Crítica de "Amante a domicilio": Ni Ashton Kutcher desnudo levanta esta película
Nikki (Ashton Kutcher) es un gigoló que se mueve con soltura entre mujeres jóvenes de Los Ángeles, lejos de cualquier idea de ingenuidad. Cuando el dinero empieza a escasear, amplía el rango etario de sus conquistas y apunta a mujeres apenas mayores que él, instaladas en un confort que remite a cierto imaginario de poder femenino de manual. Ellas le ofrecen lo que tienen —recursos, estabilidad económica— y él responde con un intercambio explícito: sexo como moneda corriente.
La dinámica se altera cuando Nikki conoce a una camarera y decide apostar por una relación distinta. El giro romántico dura poco: ella juega bajo las mismas reglas que él y no está dispuesta a resignar su estilo de vida. El desencanto conduce al protagonista a una caída previsible, que lo deposita en un trabajo rutinario y clausura el relato sin mayores desvíos. Fin.
Resulta difícil comprender cómo David Mackenzie, reconocido en el Festival de Berlín por Hallam Foe (2007), termina dirigiendo una película cuyo principal sostén parece ser la exhibición corporal de su protagonista y algunas escenas sexuales con Anne Heche. Todo lo demás funciona como un relleno narrativo sin cohesión, incapaz de construir conflicto o desarrollo.
El relato avanza de forma lineal y depende de recursos externos para captar atención. Incluso ese mecanismo se agota rápido: ni la exposición de los cuerpos ni la insistencia en la provocación logran compensar la falta de una estructura dramática consistente. La puesta no propone una mirada ni un punto de vista; se limita a repetir situaciones sin evolución.
Al intentar una lectura comparativa, Amante a domicilio podría vincularse, en términos temáticos, con títulos como American Gigolo o Shampoo. Sin embargo, el parentesco es solo superficial. Allí donde esas películas construían personajes y contexto, aquí predomina una lógica simplificada que reduce a las mujeres a objetos de intercambio y reserva para el protagonista masculino la posibilidad de redención.
En síntesis, la película no logra sostener interés narrativo ni ofrecer actuaciones que aporten espesor. No hay escenas que construyan sentido ni decisiones formales que compensen el vacío del guion. Tampoco alcanza como espectáculo ni como provocación. El resultado es una obra que se agota en su premisa y no encuentra cómo desarrollarla.