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Crítica de "¡Ayuda!": Rachel McAdams y Dylan O’Brien en una feroz sátira de Sam Raimi
En ¡Ayuda! (Send Help, 2026), Sam Raimi parte de un escenario reconocible: el de una oficina donde Linda (Rachel McAdams), una empleada esforzada busca ascender, pero es constantemente ignorada en favor de Bradley (Dylan O’Brien), un jefe inexperto que accede al cargo por puro nepotismo. A partir de esa premisa, y con un fuerte énfasis en la supervivencia, el director traslada el conflicto a una isla desierta después de un accidente aéreo, un espacio donde los protagonistas deben confrontar sus verdaderas capacidades y limitaciones.
Narrativamente, Raimi se apoya en su característico ritmo vertiginoso y en un terror atmosférico que logra generar tensión incluso en los momentos más cotidianos. De este modo, introduce los ejes centrales del relato: el nepotismo y la falsa meritocracia. Mientras Linda se esfuerza sin ser reconocida, relegada por ser considerada “rara”, Bradley asume la dirección de la empresa sin conocimientos reales y valora a sus empleados en función de criterios superficiales.
Sin embargo, estas dinámicas de poder se invierten por completo (al igual que en el film sueco El triángulo de la tristeza) una vez que ambos llegan a la isla. Allí, Linda se convierte en la figura dominante, capaz de adaptarse, resistir con ingenio y mantener la esperanza, mientras Bradley queda expuesto como alguien incapaz de valerse por sí mismo, carente de las herramientas básicas para enfrentar situaciones críticas.
La película establece un interesante paralelismo con el reality show Survivor —mencionado en reiteradas ocasiones por Linda—, replicando algunas de sus dinámicas: la lucha por la supervivencia, la astucia como arma principal y un entorno dominado por la desesperación, la traición y los engaños. Con este particular modus operandi, Raimi construye una narración que avanza de manera aparentemente calma y contenida, interrumpida por estallidos de tensión y momentos de impacto cuidadosamente dosificados.
Es en el tercer acto donde el film despliega con fuerza el sello más reconocible del director. Cuando la historia parece estancarse, el gore característico de Raimi irrumpe con violencia exagerada y humor negro, transformando el relato de supervivencia en una catarsis sangrienta que funciona como una venganza simbólica de los marginados.
Tras un período alejado de su estilo más distintivo, ¡Ayuda! puede leerse como el regreso de Sam Raimi a sus raíces. Aun desarrollándose casi por completo en un escenario desolado y con el riesgo de caer en lugares comunes, el director logra darle un giro original al relato.
El resultado es una película que recuerda que no debe confundirse la amabilidad con la debilidad, que el ámbito laboral puede ser tan terrorífico como cualquier pesadilla y que el nepotismo sigue siendo una de las fuerzas más inquietantes de nuestro tiempo.