2026-01-14

Crítica de "El Cadáver de Anna Fritz": Levántate y anda

El cadáver de Anna Fritz (2015) se estrena con algo de retraso en Argentina. Presentada en el Festival de Cine de Sitges, la película puede remitir al espectador a aquel ciclo de unitarios llamado Tiempo final, donde en tiempo real se narraban sucesos que oscilaban entre el suspenso y el terror. Si no fuera porque el esquema dramático ya ha sido ampliamente transitado, podría decirse que el film de Hèctor Hernández Vicens tiene la intención de experimentar con el tiempo y el espacio, en este caso muy reducido: la morgue y las dependencias hospitalarias que la rodean.

Pau (Albert Carbó) es el empleado de la morgue a la que llega el cuerpo de la megaestrella Anna Fritz (Alba Ribas), a quien una serie de voces extraídas de segmentos periodísticos describen como una suerte de Penélope Cruz (por dar un ejemplo). Un dato que la prensa ignora es el destino de sus restos —primer punto débil del guion—, pero Pau lo sabe y no tarda en comunicárselo a sus dos amigos de juerga, quienes, antes de ir a bolichear, deciden pasar a ver ese “tesoro mortal” al que, claro, desean encontrar desnudo.

Sin embargo, ese cuerpo muerto captura algo más que una simple curiosidad en los tres jóvenes. ¿Qué sucedería si se la “tiraran”? ¿Qué tan mal estaría? La idea prende mecha en dos de ellos —el guion reserva un punto de vista moral para el tercero—, que se turnan para cometer el acto necrófilo. Lo que sigue resulta predecible: Anna Fritz no estaba muerta y, una vez puesta en evidencia su condición vital, se instala el dilema central del relato: dejarla vivir y afrontar una denuncia, o asesinarla, ya que, al fin y al cabo, todo el mundo la dio por muerta.

El film de Hernández Vicens resulta tan esquemático como la distribución de miradas que se activa entre los hombres a partir del ultraje de ese cuerpo: la egoísta, la culpógena, la criminalizadora. Las actuaciones cumplen, y el personaje de Iván está bien encarnado por Cristian Valencia. Su figura concentra buena parte de las tensiones al ser el más revulsivo e inmoral del grupo, rasgos que el actor transmite con convicción.

Más allá de esa dialéctica, el guion carece de inspiración y presenta varios puntos débiles. No obstante, en sus compactos setenta y pico de minutos, la propuesta logra generar climas efectivos. Si el resultado final se resiente es, en gran medida, por la escasa inventiva de la puesta en escena, que encuentra su momento de mayor impacto recién hacia el desenlace.

Te puede interesar