Disney+
Crítica de "Las Crónicas de Narnia: La travesía del viajero del alba": El road movie acuático de Narnia
En esta oportunidad serán Lucy, Edmund y su primo Eustace quienes ingresen a Narnia. Esta vez, la aventura tiene lugar a bordo de la embarcación El viajero del Alba. Como parte de la tripulación se encuentran el rey Caspian, el ratón Reepicheep y una serie de personajes propios del universo narniano.
La misión que los reúne consiste en enfrentar a la Isla Oscura —también conocida como la isla del mal—, responsable de la desaparición de barcos y habitantes de Narnia a través de una neblina que los consume. Para lograrlo deberán reunir las espadas de los siete caballeros que alguna vez acompañaron al rey, padre de Caspian.
A diferencia de sus antecesoras, esta entrega prescinde en gran medida de escenas de enfrentamiento armado. En la primera película, los narnianos combatían a los ejércitos de la bruja; en la segunda, a los telmarinos que habían ocupado el territorio. Aquí, en cambio, el mal se presenta bajo otra forma. Los deseos más profundos de los personajes se convierten en el principal obstáculo a superar, una amenaza que resulta más compleja que cualquier enemigo tangible.
La ambición de poder, la búsqueda de la apariencia por sobre la dimensión interior y la acumulación de riqueza material aparecen como los riesgos que ponen en jaque a Narnia. El viaje funciona entonces como una prueba para los personajes, que deben confrontar sus propias limitaciones. En este sentido, el tono didáctico se vuelve más marcado que en las entregas anteriores.
La película plantea que el recorrido es, ante todo, un proceso de aprendizaje. Como eje recurrente de la saga, el mundo fantástico opera como metáfora, y el género de aventuras se utiliza con ese propósito. Se subraya así que la construcción del héroe no depende únicamente del coraje, sino también de la integridad moral.
El relato se apoya en los códigos del género de manera consistente, lo que le otorga una estructura clara y sostiene la verosimilitud del universo narrado. Aunque el film apunta principalmente a un público infantil, en algunos tramos el énfasis moral resulta insistente, reforzado además por una lectura de raíz católica del mal asociado a la tentación y a la idea de lo prohibido.
Sin embargo, este enfoque no invalida la potencia visual de la película, que logra convocar a espectadores de distintas edades y deja abierta la expectativa de una nueva travesía.