Netflix
Crítica de "La calle del terror: La reina del baile": Una decepcionante masacre por la corona
La calle del terror: La reina del baile (Fear Street: Prom Queen, 2025) abraza los tópicos clásicos del slasher ochentero, recreando la época con sus éxitos musicales y peinados característicos. El escenario es el baile de graduación de la preparatoria, que sirve de telón de fondo para una truculenta masacre.
La trama se apoya en dos líneas argumentales principales: por un lado, la competencia por la corona de reina del baile, y por otro, el misterio de la identidad del enmascarado detrás de los sanguinarios crímenes en Shadyside. Resolver ambos enigmas es el motor de la trama.
El principal problema de La calle del terror: La reina del baile radica en su absoluta previsibilidad. Si bien su naturaleza de homenaje/parodia justifica que la trama recorra todos los lugares comunes del género, lo hace sin la gracia de una resignificación. Un guiño al espectador conocedor de estos relatos podría haber jugado con el cliché para romper el molde, pero la película elige seguir los caminos conocidos sin ofrecer sorpresa alguna, limitándose a contar un relato adolescente con sus miedos y disputas habituales.
Esto reduce la producción dirigida por Matt Palmer a una simple película teen o de preparatoria, ambientada en los años recreados, un estilo ya establecido por la saga La calle del terror, que ya cuenta con cuatro filmes. Un dato interesante, casi involuntario, surge de esta recreación frívola: la película expone la indiferencia de una época frente a las tragedias sociales, alimentada por la cultura pop y una puesta en escena llena de distracciones. Esto se evidencia cuando, a pesar de los múltiples crímenes, el baile de graduación continúa como si nada hubiera pasado.
El resultado es un filme desparejo: cumple con la recreación de la década y la estructura narrativa de los filmes que rememora, pero se queda a medio camino con la parodia. El humor se despliega a cuentagotas, con algunas amputaciones ingeniosas, pero que no llegan a sorprender del todo ni a lograr el giro completo esperado. Un intento simpático, pero insuficiente para revivir el género en el terreno de la posmodernidad cinematográfica, algo que películas como Maxxxine (2024) de Ti West, por citar solo un ejemplo, logran con mayor éxito.