2025-05-02

Teatro Buenos Aires - Jueves 20.00 hs

Crítica de "DANIEL, voy a ser el gay más famoso de Chile": El cuerpo como campo de batalla social en escena

Desde su título, DANIEL, voy a ser el gay más famoso de Chile, dirigida por Ramón Mazuela Falchetti, interpela con un sarcasmo doloroso. En la voz de un joven que quiso ser reconocido por su identidad, la frase anticipa el destino trágico que lo volvió noticia mundial: el asesinato de Daniel Zamudio, víctima de un brutal crimen homofóbico en Santiago de Chile, en 2012.

Lejos de ofrecer un relato unidimensional o condescendiente, la puesta en escena opta por un montaje alternado que reconstruye, a través de viñetas fragmentadas, no solo la vida de Daniel sino también la de sus asesinos. En este recurso narrativo habita lo más inquietante de la propuesta: no hay buenos ni malos caricaturizados, sino un entorno social podrido por el machismo, la miseria y el odio de clase, que naturaliza la violencia contra las identidades disidentes.

La inclusión del punto de vista de los agresores no busca justificar, sino advertir: la homofobia no nace en el vacío, sino en hogares rotos, en masculinidades violentas, en Estados que miran para otro lado. Y en ese sentido, DANIEL, voy a ser el gay más famoso de Chile es teatro de urgencia, de trinchera.

El texto, aunque por momentos cae en cierta repetición de imágenes y discursos, se sostiene por la potencia de su intención: la de no permitir que el asesinato de Zamudio sea olvidado, banalizado o encapsulado en la memoria oficial. La obra no romantiza el dolor, lo exhibe con rabia.

En escena, un elenco comprometido —con Matheo Falvo, Juan Lucero y Micaela Rosa entre otros— encarna personajes que mutan, interpelan, gritan y se derrumban en una escenografía sobria, donde cada espacio parece remitir al encierro. Un universo hostil para quienes, como Daniel, deciden ser quienes son.

Daniel, voy a ser el gay más famoso de Chile no solo dramatiza un crimen; desnuda un sistema estructuralmente violento hacia las personas LGBTIQ+. En un contexto político latinoamericano donde resurgen discursos de odio legitimados desde esferas de poder, obras como esta se convierten en herramientas de resistencia cultural, apelando tanto al teatro testimonial como a una militancia estética necesaria.

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