Una imagen que celebra el cine como encuentro
Cannes 2025 devela su imagen: un hombre, una mujer y dos pósters
Un hombre. Una mujer. Una playa desierta, el cielo revuelto, la música como atmósfera. Una idea concebida en tres meses, filmada en tres semanas, resumida en una escena de veinte segundos. La eternidad, pareciera decir el cine, también puede caber en un instante.
En 1965, Anouk Aimée y Jean-Louis Trintignant encarnaron a dos personajes heridos que se encuentran, se resisten, se dejan afectar. La película de Claude Lelouch Un hombre y una mujer fue Palma de Oro en Cannes en 1966, ganó dos Oscar en 1967, y se volvió un clásico ineludible del cine romántico europeo. Pero más allá de los premios, lo que permanece es el gesto: el abrazo, la espera, el deseo contenido. Una forma de narrar que, como dice el Festival de Cannes en su comunicado, “representa el arte de amar y de filmar el amor”.
A sesenta años de ese hito, la edición 2025 del festival rinde homenaje a aquel film y lo convierte en emblema visual de su nueva edición: por primera vez en la historia del certamen, habrá dos afiches oficiales. Uno con ella. Otro con él. Ambos extraídos del fotograma más célebre de la película y diseñados por el estudio Hartland Villa. Una decisión que no responde al marketing sino a la poética: no se trata de dividir, sino de reunir. De volver a juntar los cuerpos, los relatos, las memorias. “Porque no se puede separar a un hombre y a una mujer que se aman”, señalan desde el festival. “Porque no se puede separar ese Hombre de esa Mujer”.
La elección llega en un contexto de creciente polarización cultural y de repliegue sobre lo individual. Frente a eso, Cannes plantea una consigna estética y política: apostar por el vínculo, por lo compartido, por aquello que solo el cine puede registrar con precisión emocional. “¿Por qué no tomamos en serio al cine?”, se pregunta él en un diálogo del film. “Tal vez porque solo vamos cuando todo va bien”, responde ella. Y ante la pregunta de si convendría ir cuando todo va mal, ella concluye: “¿Por qué no?”.
La edición 2025 promete sostener esa lógica de lo sensible y lo trascendente. Porque en tiempos donde se multiplican los algoritmos y se achican los márgenes para lo inesperado, Cannes elige volver a abrazar una imagen, una historia, una forma de mirar.