2025-04-21

Netflix

Crítica de "El jardinero": Un thriller romántico con emociones de plástico

El jardinero (2025) —con seis episodios justos como el sustrato ideal para no aburrir— se presenta como un experimento de híbrido genético: un thriller romántico que intenta injertar el noir clásico con una historia de amor improbable. El resultado: una bonita planta artificial, que no incomoda, pero tampoco respira.

La premisa es tan seductora como peligrosa: Elmer (Álvaro Rico), un asesino incapaz de sentir, se enamora de su próxima víctima, una maestra de jardín de infantes. Su madre, una suerte de Cruella hortícola interpretada por Cecilia Suárez, administra un vivero que también funciona como catálogo de muertes a medida. El conflicto está servido: matar o amar, obedecer o desobedecer, transplantar o dejar morir.

La creación de Miguel Sáez Carral y la dirección compartida entre Mikel Rueda y Rafa Montesinos entienden el ritmo de las plataformas: cada episodio dura lo justo para no permitir distracciones ni pensar demasiado. Esta economía del tiempo favorece el visionado en cadena, pero empobrece la profundidad narrativa.

Álvaro Rico construye un Elmer contenido, casi vegetal, que recuerda más a una planta carnívora domesticada que a un asesino perturbado. Catalina Sopelana aporta a Violeta una dulzura necesaria, pero también predecible. Su historia de amor no evoluciona, se monta. Y La China Jurado (Suárez), la matriarca enloquecida por el control, sobrevuela la trama como una jardinera vengativa salida de una telenovela que soñaba con ser Breaking Bad.

Lo más interesante, sin embargo, no está en la trama, sino en la alegoría no del todo consciente: la jardinería como metáfora de la manipulación emocional. Elmer es una planta entrenada por su madre; su relación con Violeta es el intento de florecer en condiciones adversas. Pero este jardín no tiene maleza ni riesgo. Todo es tan controlado como una maceta en un balcón burgués.

Y eso es lo que traiciona al relato: no hay margen para el desborde, para el error, para el crimen que duela o el amor que quiebre. La serie quiere enamorar sin ensuciarse las manos, como si el noir pudiera sobrevivir al perfume de lavanda.

 El jardinero crece en un entorno favorable: actores solventes, estética cuidada, estructura adictiva. Pero como buena planta de interior, no tiene raíces que penetren demasiado profundo. Es entretenida, sí. Pero también es sintética, como esas flores que nunca se marchitan... porque nunca estuvieron vivas.

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