2025-04-04

Entre OnlyFans, el embarazo y Nacha Guevara

Leo Damario regresa con una bomba pop y política

El cine argentino necesitaba una sacudida. Y Solo Fanáticos, la nueva película de Leo Damario, aparece como ese gesto de insurrección estética que sacude las buenas costumbres del cine nacional. Damario —el enfant terrible que ya incomodó con Olympia y Los conquistadores de la comedia— vuelve con una propuesta incendiaria que se planta en la intersección entre deseo, poder, redes sociales y embarazo. Sí, embarazo.

“Hay que ser muy forro para arrepentirse de tener un hijo”, dice Damario con esa mezcla de ternura brutal y provocación calculada que define todo su cine. Solo Fanáticos tiene como protagonista a Antonela “China” Kruger, influencer, actriz debutante y pareja del director, quien atraviesa la película con una panza visible y poderosa. “Ella es mi mujer. Mi amor. Soy un hombre de fe en la esposa. Fe en la construcción de familia”, dispara Damario, como si citara a Pasolini con el filtro de Instagram activado.

La película, sin embargo, no romantiza nada. Hay sexo, hay violencia simbólica, hay hombres con poder mandando mensajes a las tres de la mañana. “Mi pareja es influencer y me dio un 360 de miradas que no había profundizado. Me reveló cómo se le acercan señores poderosos por redes: políticos casados, futbolistas, nepo babies. Un horror cómo el sistema patriarcal siempre se sale con la suya y crea esa burbuja de falsa libertad, donde el único fin es corromper y fagocitar”, dice. La clave de Solo Fanáticos es esa: denunciar sin solemnidad, incomodar sin victimizar.

“Mi cine no denuncia: se divierte. Entierra el concepto de la madre ama de casa y ficcionaliza como heroínas épicas a trabajadoras sexuales y mujeres reaccionarias”, resume Damario, como si de un manifiesto se tratara. No hay lugar para el realismo domesticado ni para la corrección política. De hecho, lanza una bomba verbal: “La cultura woke es de lo más peligroso y nefasto que pasó en el último tiempo”. Lo dice sin miedo. Y sin red.

La película avanza como una especie de After Hours (Martin Scorsese, 1985) en versión Instagram: frenética, alucinada, vibrante. El tono digital no es una pose sino una herramienta. “Hoy es TikTok la pantalla con más llegada. Es una lástima. Por eso hay que filmar una película por semana. Es la única manera de superar la crisis”, sostiene el director, con espíritu punk y ética productiva de Roger Corman, a quien menciona como faro. “Siempre pensé mi cine bajo los dogmas de Corman. Aunque me considero bastante iconoclasta, me conmueve esa época en la que las películas de autor trataban temas relevantes”, dice.

En esa tradición se inscribe Solo Fanáticos, que también cuenta con un regreso cinematográfico de peso: Nacha Guevara. Ícono absoluto, la diva vuelve a la pantalla grande después de más de una década y lo hace como una esfinge brillante. “Nacha es la actriz más maravillosa del cine argentino. Son ella y Grace (Graciela Borges). Y tuve mucha suerte de poder aportar a esa narrativa. Lo que hace acá es historia del cine. Tan moderna, tan lúcida. En los ensayos combinó exigencia con estilo educado. Sin Nacha, la actuación de Anto no hubiese sido la misma”, dice Damario, emocionado.

Pero si algo define a Solo Fanáticos es su capacidad de captar el espíritu de época sin rendirse al cinismo. “Puedo sentir mucha tristeza por lo que pasa con la juventud actual, pero mi cine va a ser alegre, porque hacer cine es un júbilo”, afirma. En ese gesto hay también una ética de resistencia: convertir el dolor en goce, la denuncia en celebración.

“No dudo al contar estas historias. Dudo al filmarlas. Pero cuanto más inmorales y cosméticos seamos los cineastas, mejor creación de obra”, lanza Damario, con el ímpetu de quien sabe que el cine también es trinchera.

Y si hay que resumir todo en una frase, él no duda: Solo Fanáticos es una película irreverente, joven, relevante. Que no tiene tiempo. Viene del futuro.”

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