Prime Video
Crítica de "Escape from Extinction Rewilding": el cine como despertador
“¿Cuál es el costo de tanta indiferencia?”, (se) pregunta la voz en off de Meryl Streep al comienzo de Escape from Extinction Rewilding (2024). Apenas culmina la frase, comienzan a desfilar imágenes que tranquilamente podrían funcionar como respuesta: deforestación descontrolada, inundaciones, lenguas de fuego devorando todo a su paso, animales marinos atrapados en redes de pesca, los polos deshelándose, toneladas de basura a metros de una urbanización y decenas, cientos de animales vagueando por zonas desertificadas que hasta no demasiado tiempo eran terreno fértil para una amplia variedad de árboles y plantas.
Locutado por la dama de los mil premios Oscar, el documental de Matthew R. Brady, secuela de Escape from Extinction (2020), propone un viaje por todos los continentes no tanto para levantar el dedo acusador a quienes utilizan los recursos naturales como si no tuviera consecuencias medioambientales dañinas para los distintos ecosistemas. El recorrido va directo hacia quienes hacen lo contrario mediante iniciativas exitosas de lo que en inglés se llama “Rewilding”.
¿A qué refiere ese término sin traducción al español? A pequeñas aventuras, fruto mayormente del trabajo mancomunado de organizaciones no gubernamentales de Estados Unidos y Europa con zoológicos y otras entidades relacionadas con la naturaleza y el mundo animal, que consiguieron revertir mínimamente las brutales consecuencias de las acciones humanas. Es así que las cámaras viajan, entre otros lugares, hasta Uganda, donde fueron reinsertados con éxito gorilas, rinocerontes y bisontes; a Bolivia, donde una especie autóctona volvió a volar sobre la selva, y a las costas del Pacífico, cuyas aguas vieron el regreso de varios peces al borde de la extinción.
Escape from Extinction Rewilding utiliza las armas más tradicionales del documental expositivo (entrevistas a cámara, imágenes de archivo, la mencionada voz en off) para arrojar un manto de esperanza de cara al futuro, convirtiéndose casi en un gesto contracultural en estos tiempos carentes de utopías. Aunque un tanto obvio en su hipótesis, el resultado es una película que funciona a modo de un despertador, intentando alertar a quien quiera oír –o, mejor dicho, ver– que todavía es posible cambiar un destino que, al cine de esta nota, no parece ser el mejor.