Opinión
"Anora" y la trampa de la libertad: Sean Baker desmonta el mito de la prostitución empoderada
Anora (2024) descompone la ilusión de libertad en un mundo donde la prostitución se convierte en una trampa, una fachada que oculta la cruda realidad de la explotación. Annie, la protagonista, se manifiesta como una figura obsecuente y genuflexa ante el poder que la rodea. Su existencia recuerda que, en la danza entre el deseo y la dominación, el hombre siempre se erige como el oportunista que se beneficia de la vulnerabilidad ajena.
Sean Baker confronta una verdad incómoda: la prostitución no representa libertad, sino una forma de servidumbre que se alimenta de la fragilidad femenina. Annie, atrapada en un ciclo de explotación, encarna una lucha que parece condenada al fracaso. En su mundo, lo "woke" apesta; las buenas intenciones se desvanecen en una niebla de hipocresía que perpetúa el mismo sistema opresor que dice desafiar. Como ha señalado Ricky Gervais, la corrección política puede convertirse en una forma de censura suave, un mecanismo que, bajo la apariencia de sensibilidad, silencia voces y perpetúa narrativas simplistas.
En este contexto, Mujer bonita (Pretty Woman, 1990) se erige como un símbolo de la toxicidad cultural. La historia de Julia Roberts y Richard Gere actúa como un veneno que refuerza la ilusión de que el valor de una mujer depende de su capacidad para complacer a un hombre. El personaje de Gere encarna a un empresario que, bajo la apariencia de un caballero, perpetúa dinámicas de poder desiguales. En esta narrativa, el amor se presenta como un intercambio basado en el dinero y la manipulación, convirtiendo la relación en una transacción más que en una conexión auténtica.
El contraste entre Iván e Igor es central en Anora. Iván, con su arrogancia y deseo de control, representa la figura del opresor que utiliza su estatus y riqueza para someter a Annie. En oposición, Igor aparece como una figura diferente: su vulnerabilidad y autenticidad lo destacan en un entorno dominado por la superficialidad y el poder. A diferencia de Iván, no busca controlar a Annie, sino que ofrece una conexión genuina que valora su humanidad por encima de cualquier transacción.
Una escena crucial que resalta la deshumanización ocurre durante la fiesta organizada por Iván. En este ambiente ostentoso, Annie intenta encajar, pero es el espectador quien siente la incomodidad de la situación. La celebración de la frivolidad contrasta con la angustia que la protagonista experimenta hacia el final de la película. Su evolución es evidente: mientras que en la fiesta parece disfrutar de la atención, en sus momentos de crisis reconoce la superficialidad de ese mundo.
El clímax de Anora se encuentra en la escena final, cuando Annie e Igor están en el auto. Este momento representa su transformación. Annie deja de ser un objeto de deseo o una simple compañía para tomar el control de su vida y sus decisiones. Igor no impone su voluntad; respeta su autonomía y la apoya en su búsqueda de autenticidad. Esta relación se convierte en un refugio, una promesa de un amor que no está condicionado por el dinero ni el estatus.
El desenlace resuena con la idea de que el verdadero amor se basa en la conexión emocional y el respeto mutuo. A diferencia de Iván, que simboliza el capitalismo deshumanizante y el control, Igor encarna la posibilidad de una relación genuina, donde ambos comparten un viaje hacia la autenticidad. La imagen de Annie en el auto, acompañada por Igor, simboliza una nueva esperanza, una salida del ciclo de explotación y deshumanización que ha marcado su vida.
La crítica a los nepobabies se siente en cada rincón de la narrativa. Iván, con su arrogancia y su falta de esfuerzo, representa cómo la riqueza heredada puede llevar a una vida vacía y sin significado. En Anora, Sean Baker desmonta mitos y expone las grietas de un sistema que, bajo la apariencia de progreso, sigue sosteniendo viejas formas de opresión.