2024-08-07

Teatro Regina - Domingos a las 19

Siete adolescentes de una generación desencantada comparten en escena sus pensamientos y sentimientos

La noche del 31 de diciembre de 1999, junto a la medianoche y la madrugada del 1 de enero del 2000, fueron momentos especiales para muchas personas, ya sea por aquello que cada una abandonaba o extendía del siglo que concluía, o por aquellas búsquedas y sueños que se proyectaban con el venidero siglo. En el marco de la ficción, para un grupo de amigos también resultó un lapso temporal inolvidable, pero por un motivo diferente: un secreto que involucraba a varios de ellos salió a la luz y los puso en peligro. Dicha trama se aborda en la obra Generación desencantada, que se presenta los domingos a las 19 en el Teatro Regina (Avenida Santa Fe 1.235, Capital Federal). Entradas en Plateanet.

La puesta escénica es una adaptación del popular texto Los 80 son nuestros (1988) de Ana Diosdado, en esta ocasión con la dirección general de Nicolás Sorrivas, quien está acompañado por Carolina Ibarra en la dirección de actores. Respecto al elenco, está conformado por: Thomás Lepera, Mora Fisz, Manu Ramos, Valen G., Joaco Scotta, Jose Binaghi y Marcos Mitnik. Algunos son reconocidos por el público teen a raíz de sus papeles en series y filmes destinados a ese rango etario, como Yo, adolescente, Go! Vive a tu manera, Entrelazados, Tierra incógnita.

El relato de Generación desencantada se enmarca en el garaje de una casa, donde los jóvenes se reúnen para celebrar las fiestas. Más allá del enigma principal vinculado a un hecho policial, los personajes dialogan acerca del amor y la muerte, la sexualidad, la violencia, la amistad, la consciencia o inconsciencia política. Asimismo, se plantea la juventud como un período de múltiples cambios personales y sociales, en fin, el más dulce, vibrante y vulnerable de la vida.

¿Quién es quién?

Cada protagonista de la velada tiene características que lo unen con sus pares y, a su vez, singularidades que permiten conocer de a poco sus emociones y pensamientos y, así, generar identificación entre los espectadores sentados en la platea. José (Ramos) es rebelde, sobreprotector y tiene espíritu de líder, acaba de escaparse de la casa de su familia y oculta algo. Cris (Fiscz) es decidida y resolutiva, quiere involucrarse y formar parte del cambio de siglo, con cierta visión utópica. Rafa (Lepera) es el más divertido del conjunto, le gusta hablar con un vocabulario excéntrico y vestirse elegante.

En cuanto a Laura (G) es luchadora, artista, alegre, graciosa y siempre dice lo que piensa, mientras que Ángeles es la más pequeña de la banda y busca expresar lo que siente en cada circunstancia, también se caracteriza por ser observadora y solitaria. Miguel (Scotta) es decidido y bondadoso, tiene la palabra justa para cada momento y resulta ser un excelente amigo, con pureza y libertad. Y Juan Gabriel (Mitnik) intenta solucionar todo tipo de conflicto, de hecho, es visto por sus amigos como el más correcto, responsable y pensante.  

Entrevista: dos voces de la “Generación desencantada”

Mora, se trata de una obra creada hace varias décadas, que fue adaptada a los 2000, ¿a qué factores atributos su trascendencia espacial y temporal?

Creo que la obra sigue funcionando a día de hoy ya que las temáticas y problemáticas que tocamos son atemporales, atravesaban a las generaciones pasadas y nos siguen atravesando a día de hoy. Por eso, si bien la historia está adaptada, sigue manteniendo la misma esencia y funciona de la misma manera.

Es una obra coral, donde hay constante interacción entre los personajes, ¿qué cuestiones tienen en cuenta, a nivel grupal, a la hora de encarar cada función? ¿Y a nivel individual?

Al ser una obra coral, donde trabajamos las relaciones y los vínculos personales dentro de un grupo de amigos, es muy importante generar esa energía de confianza e intimidad entre los personajes, para que el público pueda sumergirse dentro de la historia. A nivel individual, trato de ser muy receptiva con mis compañeros, escucharlos, empatizar con sus personajes, eso me nutre muchísimo como actriz.

Tu personaje, Cris, vivió un hecho doloroso y traumático, que aparece como contexto, ¿cuáles fueron los desafíos de componerla?

Fueron muchos. Lo más esencial fue el no encasillarla en los prejuicios que se asocian a una persona que vivió un hecho tan traumático como el que vivió ella, no juzgarla, y entender bien dónde radican sus emociones y miedos.

En tu caso, Jose, se trata de tu primera experiencia en una obra de teatro comercial, ¿cuáles fueron los principales desafíos que tuviste que afrontar?

Tuve que afrontar distintos desafíos, tanto durante los ensayos como a medida que iban pasando las funciones, pero el más grande fue el trabajo hacia adentro, el que tuve que hacer para ganar la confianza en mí misma. Tuve que atravesar un proceso para lograr sentir que merecía el papel y no achicarme al compararme con mis compañeros. A algunos los conocía por las redes sociales o por proyectos de los que sabía que habían trabajado, entonces me costó entender que, al fin y al cabo, eran mis compañeros. De a poco fui ganando seguridad y confianza en mi interacción con ellos, en particular, y con el equipo de trabajo, en general.

Soy una persona muy observadora y disfruto cada instante al absorber y aprender de todo lo que pasa a mi alrededor. Cada uno me enseñó distintas cosas y disfrutaba de hacerlo, ya que lo hacían con el único fin de brindarme más herramientas para crecer. Finalmente, una vez lograda esa confianza, me consolidé y me pude plantar con seguridad para hacerle frente a los sentimientos que atraviesa María Ángeles.

Al abordar en escena problemáticas de la adolescencia, etapa que te resulta cercana por tu edad, ¿cómo fue sumergirte en esos temas desde la ficción, a través de tu personaje?

Debo admitir que al principio me costó, ya que yo no reaccionaría igual que ella. Pero cuando dejé de juzgarla entendí su mundo y cómo ella atraviesa cada emoción a flor de piel por todo lo sucedido esa noche. Pude descubrir una sensibilidad enorme que me trajo mi personaje. Las problemáticas me chocaron de frente y de repente las encontraba en todos lados, en mi día a día. Ángeles me obligó a concientizar mi mente y a mi alrededor. Ya no sentía que era una simple espectadora de estas problemáticas, ahora me siento responsable. En definitiva, María Ángeles ahora es una partecita mía, vivió la situación y tiene mucho que decir al respecto.

Por último, llegando al final de la temporada, a modo de balance, ¿cuáles fueron los aprendizajes y herramientas que adquiriste?

Aprendí muchísimo sobre mí misma. Entiendo que disfruto muchísimo de la construcción del personaje. Pasaba semanas enteras entendiendo y descubriéndolo. Fue una gran reconversión para permitirme sentir como no lo hacía Josefina, pero sí Ángeles. Por otro lado, trabajé muchísimo sobre la modulación y la rapidez del habla. Al ser adolescente, mi rapidez y falta de modulación para hablar ocasionan un problema y pasé horas trabajando con Caro Ibarra diciendo cada uno de mis textos.  Por último, ya en escena, aprendí a dejar que las emociones se apoderen de mí y a dejar que aparezcan sin que mi cabeza ponga un freno de mano a algo que es muy necesario en la vida, pero no en la vida en escena.

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