2024-08-03

Netflix

Crítica de "Duro de cuidar "(The Hitman’s Bodyguard): Ryan Reynolds y Samuel L. Jackson son testigos en peligro

Ryan Reynolds (Deadpool) interpreta a Michael Bryce, dueño de una empresa de seguridad personal, quien tras una mala experiencia en su trabajo sobrevive como puede hasta que le llega la tarea de proteger al asesino a sueldo Darius Kincaid (Samuel L. Jackson). Kincaid debe ser trasladado desde Londres hasta la corte de La Haya en Holanda para testificar contra Vladislav Dukhovich (Gary Oldman), un dictador bielorruso acusado de genocidio. Como era de esperar, el camino estará repleto de asesinos contratados por el propio Dukhovich para evitar que Kincaid suba al estrado.

La película intenta ser una buddy movie—esas películas en las que una “pareja despareja” debe aprender a trabajar en equipo—combinada con una road movie. Sin embargo, los extensos 118 minutos de duración no ayudan a una historia que nunca encuentra el tono cómico en medio de persecuciones, tiroteos y explosiones. A pesar del talento de Reynolds, Jackson y un desaprovechado Oldman, el guión, considerado curiosamente uno de los más buscados por los grandes estudios, no logra dar forma a un relato que lucha de principio a fin por agarrar buen ritmo. Las múltiples ciudades europeas que sirven de telón de fondo se sienten igualmente desaprovechadas en medio de un poco inspirado diseño de arte.

Uno de los pósters promocionales del film muestra a Reynolds sosteniendo en sus brazos a Jackson, parodiando la clásica imagen de El guardaespaldas (The Bodyguard, 1992), sugiriendo que el personaje de Kincaid es el débil del dúo y Bryce tiene que lidiar con él, lo cual es opuesto a lo que sucede en la trama y genera cierta confusión. Este es otro ejemplo de cómo los guiños y lugares comunes buscan la asociación fácil sin considerar de qué forma afectan lo que la película quiere contar, un pecado casi tan grande como usar el prefijo “Duro de...” para el título.

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