2024-04-29

Salas

Crítica de “La Habana de Fito”: la conexión emocional entre un pueblo y un artista

Hay experiencias que trascienden cualquier lógica racional, comercial o incluso intelectual. "Dar es dar", canta Rodolfo "Fito" Páez mientras comparte sus sentimientos sobre Cuba en una extensa conversación con Juan Pin Vilar, director de la película La Habana de Fito (2024).

Fito Páez visitó Cuba por primera vez después de un evento trágico que cambió su vida: el violento femicidio de las dos mujeres que lo criaron en Rosario. "Estaba roto, física e internamente", comenta, añadiendo: "y La Habana me salvó". Los lazos que formó en la capital cubana fueron esenciales para que el cantante de "Ciudad de pobres corazones" recuperara las ganas de vivir, algo que había perdido tras esa dolorosa tragedia.

La película nos muestra momentos de los conciertos de Fito en La Habana durante los años 80 y 90 en el legendario teatro Carlos Marx, incluyendo su primera presentación y su show en la Plaza de la Revolución. El material, que a veces muestra calidad precaria, tiene un valor arqueológico que es apreciado por la película. Los testimonios de figuras como Pablo Milanés, Cecilia Roth, Carlos Alfonso, Ele Valdés, Luis Alberto García y Wendy Guerra, entre otros, añaden profundidad a la conexión entre Páez y La Habana.

La Habana de Fito no destaca por innovaciones formales, pero logra transmitir la calidez y pasión de esas cosas que no se pueden describir solo con palabras. Resalta la importancia de los encuentros, las noches compartidas, y las conexiones emocionales. Es un sentimiento compartido que ha crecido con el tiempo, y la película captura esa esencia de manera simple pero emotiva.

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