Crítica de "Buenas Costumbres": Pasa en las mejores familias
Situada hacia el final de la Primera Guerra Mundial, la historia presenta a John Whittaker (Ben Barnes), un joven inglés de familia acomodada que contrae matrimonio de manera precipitada con una joven norteamericana, moderna y desinhibida. El conflicto se activa cuando llega el momento de presentarla ante sus padres: la aparente armonía inicial se transforma en un campo de tensiones, reproches velados y maniobras cruzadas dentro de un entorno social que, mientras se aferra a una moral rígida, oculta mecanismos de manipulación y secretos cuidadosamente administrados.
La película se inscribe dentro de una comedia de humor inglés apoyada en modismos y climas reconocibles, decisión que implica dejar en segundo plano buena parte del espesor dramático presente en la obra original. Esa elección funciona como un arma de doble filo: por un lado, potencia la ironía y el tono de humor negro; por otro, reduce el impacto emocional del relato. El guion privilegia diálogos que delinean a los personajes a partir de la mordacidad, un rasgo que remite de forma directa a su origen teatral y que estructura la narración más desde la palabra que desde la acción.
El resultado es una sátira social que expone, con humor constante, los rituales y escándalos de la alta sociedad, sin necesidad de subrayados. Stephan Elliott construye una puesta en escena precisa, con una ambientación que acompaña el desarrollo del conflicto y refuerza el clima de época. La música cumple un rol central en ese sentido: el uso de “You’re the Top”, de Cole Porter, no solo evoca el período sino que funciona como presentación simbólica del personaje femenino, eje narrativo del film.
Jessica Biel interpreta a una mujer autónoma, con iniciativa propia y una mirada que desentona con el contexto histórico que la rodea. Su figura introduce un choque cultural y generacional que el relato explora como principal motor dramático, aun cuando ese conflicto no siempre alcance la profundidad que promete. En ese contraste reside el mayor interés de la película: la fricción entre tradición y cambio, entre apariencias y deseos, que sostiene una propuesta eficaz en su tono, disfrutable en su desarrollo y, al mismo tiempo, de impacto limitado una vez concluida.