2026-11-04

Netflix

Crítica de "Un amor posible": Lee Chang-dong y cómo volver a pensar las diferencias de clase con sensibilidad

Con películas como Green Fish (1997), Peppermint Candy (1999), Oasis (2002) y Secret Sunshine (2007), Lee Chang-dong ya había demostrado su talento como realizador. Las posteriores Poesía para el alma (Poetry, 2010) y Burning (2018) lograron una mayor llegada internacional, además de cosechar premios y exhibiciones en los grandes festivales del mundo. Un amor posible (Possible Love, 2026) —que se parece más a un estreno de MUBI que de Netflix— le valió, con total justicia, el Gran Premio del Jurado y el FIPRESCI en la última Mostra de Venecia. Aunque su ritmo dramático va a contramano de las propuestas más vistas, su desembarco en la plataforma de la "N roja" tal vez le augure nuevas audiencias por estas latitudes; bien valdrá la pena darle una oportunidad a esta historia que cruza a dos parejas de vidas completamente diferentes.

Ese encuentro casual en un estacionamiento une a un matrimonio de clase media baja con otro de clase alta. La distancia entre ambos no es solamente económica, sino también simbólica y cultural. Las soberbias actuaciones de todo el elenco ayudan a que esa brecha sea significativa, pero sin caer en trazos gruesos. El primer matrimonio está atravesado por el universo del trabajo, un entorno hostil que le ha provocado al hombre un doloroso trauma vinculado con su lucha sindical. Del otro lado se encuentran un hombre rico y Ye-ji, quien además de tener un buen pasar es documentalista. Ella percibe en aquel obrero —de mirada triste y andar cansino— a un "otro" que se convertirá en la materia prima de su próxima película.

Si bien la síntesis argumental podría hacer pensar en una trama signada por estereotipos y giros melodramáticos, el realizador toma un camino diferente y arduo (el filme dura 164 minutos). En este trayecto, el silencio conforma una materia significativa y la mirada del niño que tienen los "observados" por la cámara de Ye-ji alcanza un rol protagónico. El dispositivo del "cine dentro del cine" (documental, pero cine al fin) le permite a Lee Chang-dong problematizar la dicotomía entre biografía y arte, hasta alcanzar el pico dramático en una secuencia dolorosa y reveladora: una escena en la que los límites se desdibujan, como si involuntariamente aconteciera una sesión de psicoanálisis que, lejos de consolar, desgarra.

En este sensible y extraordinario filme, el rodaje es también el propulsor dramático de preguntas que interpelan a cada integrante de ambas parejas en torno a cuánto del pasado se puede revertir y qué precio es necesario pagar para extraer una verdad que resulta completamente ajena. Así, surgen dudas sobre cuán genuino es el acercamiento de la documentalista y, sobre todo, si es posible trazar una amistad cuando el mundo ya ha vuelto demasiado drástica y notoria la distancia entre ellos.

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