2026-10-14

Se estrena el 22 de octubre

Charo López y Jean Pierre Noher hablan de Wanda Nara y la crisis del cine argentino por "¿Querés ser mi hijo?"

En el marco del estreno de ¿Querés ser mi hijo? (2026), los actores reflexionan sobre los prejuicios en torno al amor y las diferencias de edad. Además, Jean Pierre Noher cuestiona la falta de producción cinematográfica en Argentina y lamenta que cada vez más películas nacionales se filmen en el exterior. A lo largo de la conversación, los actores también reflexionan sobre los prejuicios sociales en torno al amor, las diferencias de edad y las posibilidades de representación de personajes que escapan a los estereotipos.

¿Qué fue lo que les atrajo de esta película, con un romance tan jugado y temáticas vinculadas al narcisismo?
Jean Pierre Noher: De mi personaje me atrajo que fuera tan opuesto a mí, ya que nos encontramos frente a una persona que mantiene una relación poco sana con el personaje de Lucía. También tuve que ponerme en la piel de un personaje tan machista que representa todo lo que critico en esta vida. De repente, me tocó asumirlo. Además, me generaba expectativa la idea de actuar junto a Wanda Nara.
Charo López: A mí lo que más me atrajo fue, en primer lugar, que era una comedia, un espacio que me gusta mucho explorar. Leí el libreto y me pareció divertido. Me gustaba la idea de una mujer que sale con un chico más joven y toda esa incomodidad que puede generar el amor cuando aparecen las diferencias de edad. También me resultaba muy simpático el planteo de adoptar falsamente a un hijo y que después todo se salga de control. Y, obviamente, trabajar con Wanda Nara me pareció fascinante.

En la película, tu personaje tiene una gran amistad con Lucía y también funciona como la voz de la razón de la historia. ¿Cómo fue construir ese vínculo con Wanda? ¿Qué te interesó de interpretar a esta amiga, que no es un personaje tan cómico como los que solés interpretar?
CL: La verdad es que fue muy natural. Nosotras no nos conocíamos de antes; esa fue la primera vez que nos vimos y el vínculo se dio de manera muy espontánea. Ella es muy cercana, abierta y tranquila, así que pudimos construir una amistad de forma muy orgánica.
Sí, Magui es re severa. Yo no la había pensado tan así, pero después, en las escenas, se fue dando ese tono de seriedad y orden. Además, es una mujer que sostiene un matrimonio, tiene un hijo y va y viene todo el tiempo. Aunque no tiene tiempo, se hace un lugar para su amiga y hasta lleva gas pimienta en la cartera. No era lo que yo imaginaba que iba a construir, pero el personaje terminó tomando esa forma y me pareció mucho mejor de lo que había pensado.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando conociste a este personaje tan particular? ¿Te gusta interpretar villanos como este?
JPN: Con este personaje sentí que estaba frente a un snob, un pretencioso, un machista que engaña a su mujer. Me gustó que no se le viera un sentimiento real. Quizás, hacia el final de la película, el arco del personaje se cae un poco y todo se vuelve más evidente, pero ya es un poco tarde. De todos modos, siempre es divertido interpretar personajes opuestos a uno. Últimamente me vienen ofreciendo personajes medio malignos, medio malos, pero yo soy un buen chico.
Es divertido interpretar villanos; a casi todos los actores les gusta. Pero todo villano, sobre todo en una comedia realista, tiene que tener verosimilitud. No es malo porque sí, sino porque es machista. Y los personajes buenos también tienen alguna oscuridad.
A mí todo lo que sea trabajo me divierte. Cuando un director como Hernán Guerschuny, con quien tenía una asignatura pendiente, te convoca, es una alegría. Me interesa, me gustan sus películas y su forma de pensar. Cuando un director que admirás te llama para una película, entrás en su imaginario y eso es algo que uno agradece. Y, por el poco trabajo que hay, más todavía. Sobre todo cuando tenés cierta edad, porque las posibilidades empiezan a limitarse. No se cuentan muchas historias sobre personas de 60 o 70 años. Hay personajes de padres y abuelos, pero poco más.

¿Te preocupaba poner en juego tu prestigio al trabajar en una película de este estilo?
JPN: Cuando leí el libreto, todavía no me habían dicho que Wanda iba a interpretar a Lucía. Cuando me lo contaron, me sorprendí y tuve una sensación rara. Pensé que estaba poniendo en juego mi prestigio, mi trayectoria en el teatro y todo eso. Me resonaron esas cuestiones, pero consulté con mis amigos y me dijeron que era una buena oportunidad hacer una película con Wanda. De a poco me fui convenciendo.

Si tuvieran que definir en una idea central el recorrido de sus personajes dentro de la historia, ¿cuál sería?
CL
: Mi personaje es el sostén del arco que va recorriendo la protagonista. Creo que lo que le pasa no se modifica demasiado. Sí me parece lindo que reivindique una amistad de muchos años, en la que el sentimiento sigue siendo tan fuerte como cuando eran adolescentes. Creo que rescataría eso.
JPN: En mi caso, el personaje empieza sometiendo a la protagonista, desde una posición machista, y quizás accede a cierta sensibilidad hacia el final, cuando se ve un poco perdido. Él dice: «Soy un hombre roto». Podríamos decir que era un hombre que creía llevarse el mundo por delante, que tenía todo clarísimo, y termina siendo un hombre roto.

¿Qué te interesaba de participar en una película que explora la conexión entre dos personajes con una diferencia de edad bastante notoria, especialmente a la hora de romper con los prejuicios que existen sobre las mujeres que tienen parejas más jóvenes?
CL
: Creo que la reflexión sobre la edad, el amor y el lugar de la mujer en una pareja con alguien mayor o menor es un buen punto de partida para pensar un poco y, quizás, sacarse algunos prejuicios de la cabeza. Lo que me gusta es que el tema está planteado desde un lugar poco cómico, y eso es interesante.
Siento que hoy se habla mucho de las mujeres que tienen parejas más jóvenes como si esos hombres fueran objetos. Pero el personaje de Javi no es un objeto en absoluto. Es un chico muy sensible, escritor, poeta y joven. Todo eso puede llamar la atención de una mujer más allá de lo físico. En la película se construye una conexión espiritual entre ellos.

¿Cómo fue la experiencia de rodar en Uruguay? ¿Qué pensás de que se sigan haciendo películas argentinas en ese país?
JPN
: Actualmente se están haciendo muchas películas en Uruguay. Esta película también se filmó allí, y parte del elenco es uruguayo, algo que también merece destacarse.
La verdad es que lamento que las películas argentinas se sigan haciendo en Uruguay o en otros países. Es entendible porque resulta más conveniente desde el punto de vista económico, pero tranquilamente podrían hacerse acá, en Argentina. Hace poco hice La caja azul, una película que se filmó en Vancouver, Canadá, a 30 horas de acá, y que tranquilamente podría haberse rodado en Bariloche.
Está bueno destacar estas cosas porque no solo los actores, sino también los técnicos, los maquilladores y muchos otros trabajadores del sector se ven afectados. Se habla de casi 600.000 personas que prácticamente se han quedado sin trabajo porque no se está filmando nada acá, en Argentina. Más allá de que fuimos gratamente convocados para esta película y estamos felices de participar, no hay que olvidarse de que tuvimos que irnos a Uruguay para hacerla.

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