2026-10-12

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Crítica de "Ónix": las herencias de una familia, entre el duelo y el reencuentro

La muerte de un abuelo reúne a una familia, pero también vuelve a poner en circulación aquello que la había separado. Sobre esa tensión se construye Ónix (2015), la segunda película de Nicolás Teté, que retoma el territorio y algunas de las preocupaciones de Últimas vacaciones en familia (2011). Villa Mercedes vuelve a ser el escenario de un relato atravesado por encuentros y despedidas, aunque aquí el director avanza en la construcción de los personajes y en la articulación entre el duelo, el humor y el final de la adolescencia.

Martina, interpretada por Nai Awada, llega a la ciudad junto a su madre para asistir al funeral de su abuelo. Las disputas económicas han distanciado a la familia y condicionan el contacto con sus primos. Antes de reconocerse en las experiencias que comparten, los jóvenes reproducen las posiciones de sus padres: heredan el rechazo sin conocer del todo sus motivos. El encuentro comienza bajo ese peso y, con el transcurso de las horas, abre la posibilidad de revisar una distancia que ninguno parece haber elegido.

Teté encuentra allí el núcleo de la película. La herencia no se limita a los bienes ni a la cantera familiar a la que remite el título: también comprende resentimientos, lealtades y mandatos. Los primos reciben una versión del conflicto que antecede a sus propias experiencias y deben decidir qué hacer con ella. La muerte del abuelo coincide, además, con otra despedida: la de una etapa de sus vidas en la que las explicaciones de los adultos empiezan a perder autoridad.

El desplazamiento del drama hacia la comedia acompaña ese proceso. A medida que cede la tensión, los personajes dejan de relacionarse únicamente desde el lugar que ocupan dentro de la disputa familiar. El humor permite que aparezcan afinidades y diferencias que el enfrentamiento había relegado. La reconciliación se construye así a partir del trato entre los primos, antes que de una resolución de los problemas económicos que separaron a sus padres.

Awada sostiene el punto de vista del relato y expresa el tránsito de Martina desde la resistencia inicial hacia una disposición al encuentro. Camilo Cuello Vitale, Ailín Salas y Macarena Insegna completan el grupo de primos, mientras que Nicolás Condito, como el novio del personaje de Insegna, participa de esa dinámica desde una posición ajena al parentesco. El trabajo del elenco permite distinguir las formas en que cada uno responde a la reunión, sin perder de vista las experiencias que los acercan.

Many Díaz interpreta a la madre de Martina, sobre quien recaen las acusaciones que alimentan la fractura familiar. En comparación con su participación en Últimas vacaciones en familia, su actuación se integra con mayor precisión al tono del conjunto. El personaje concentra una parte del conflicto entre los adultos y muestra cómo ese enfrentamiento se proyecta sobre los hijos.

La película pierde concentración cuando incorpora personajes y líneas narrativas que no llegan a desarrollarse. La presencia de otros primos apenas modifica el relato, mientras que el lugar de los padres de los personajes de Salas y Cuello Vitale queda sin suficiente definición. Esas zonas reducen la comprensión de algunas relaciones y dispersan una historia que encuentra su sostén en el cuarteto central.

Aun con esos desajustes, Ónix muestra un avance en el cine de Teté. El regreso a Villa Mercedes y la continuidad de parte del elenco adquieren sentido dentro de una exploración de los afectos y las separaciones. Su segunda película encuentra en el reencuentro familiar una pregunta que excede el funeral: cuánto de lo que une o enfrenta a los hijos les pertenece y cuánto responde a una historia que otros escribieron por ellos.

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