Festival de Cine de Nueva York 2026
Crítica de “Behemoth!”: Pedro Pascal entre la música y las cuentas pendientes en una película de Tony Gilroy
Después de más de una década sin dirigir una película y de dedicar buena parte de ese tiempo a Andor, Tony Gilroy vuelve al cine con Behemoth! (2026). El relato cruza el trabajo de los músicos que graban bandas sonoras para Hollywood con la vida de un hombre que regresa al lugar del que se había alejado. En ese encuentro entre oficio y memoria aparece la tensión que sostiene la película, pero también sus límites: conocemos a Alex Serian por su relación con la música más que por las decisiones que toma.
Pedro Pascal interpreta a este violonchelista que vuelve a Los Ángeles tras veinte años de ausencia. Mientras retoma su trabajo como músico de sesión, debe enfrentar el deterioro de su madre, la relación con su hermano y los recuerdos de un amor que sigue sin resolver. Gilroy organiza esa vuelta mediante saltos temporales que conectan el presente con aquello que Alex dejó atrás. La música enlaza las etapas de su vida, aunque los recuerdos no siempre permiten comprender qué lo llevó a irse ni qué espera encontrar ahora.
Las secuencias de grabación concentran buena parte del interés. Allí, la película observa un trabajo que suele quedar fuera de la pantalla: los ensayos, la escucha y la coordinación entre intérpretes que construyen la emoción de historias ajenas. Las piezas de los nueve compositores reunidos bajo el nombre The Behemoth! Collective participan de la narración. En algunos pasajes, sin embargo, la partitura aporta una emoción que las relaciones entre los personajes todavía no han construido.
Pascal trabaja a Alex desde las pausas, los gestos y una dificultad para expresar lo que le pasa. Su interpretación permite reconocer a alguien que ha aprendido a refugiarse en el oficio, pero que no encuentra cómo acercarse a los demás. El problema aparece cuando esa reserva se convierte en la dinámica de casi todo el relato: Alex recibe lo que ocurre, recuerda y observa, mientras sus decisiones apenas modifican el curso de los acontecimientos.
Esa dificultad también afecta a los personajes que lo rodean. La madre, el hermano y el amor del pasado ayudan a explicar sus heridas, pero tienen poco espacio para desarrollar una vida que exceda su relación con él. La película plantea así una distancia entre Alex y su familia que el espectador puede identificar, aunque no siempre llega a sentir.
Gilroy encuentra una forma de acercarse a ese mundo cuando deja que el trabajo y los silencios ocupen la escena. En cambio, al intentar reunir los conflictos familiares y los recuerdos, el relato pierde continuidad emocional. El tramo final consigue acercar esas líneas y da otro peso a lo que Alex ha evitado durante años, aunque esa conexión llega después de varios pasajes en los que la narración parece detenida.
En Behemoth!, Alex parece encontrar dentro del estudio un lugar que no consigue recuperar en su familia. Pascal expresa esa dificultad sin subrayarla, pero el guion vuelve una y otra vez sobre sus silencios sin darles otro sentido. Hacia el final, los vínculos empiezan a cobrar espesor; para entonces, la película ha dedicado más tiempo a mostrar lo que el personaje carga con su pasado que a explorar qué puede hacer con él.