2026-09-17

Netflix

Crítica de “Monster: La historia de Lizzie Borden”: el turno de las mujeres

La cuarta temporada de Monster, la antología de temporadas autoconclusivas creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, aborda uno de los casos más célebres de la crónica criminal estadounidense: el de Lizzie Borden, la joven de Fall River acusada de asesinar a hachazos a su padre y a su madrastra en 1892. Monster: La historia de Lizzie Borden (Monster: The Lizzie Borden Story, 2026) cuenta con 8 episodios, dirigidos por Max Winkler y Sarah Adina Smith.

La puesta en escena deja claro desde el comienzo que Murphy y Brennan, también guionistas, no pretenden realizar una reconstrucción histórica convencional. Un escenario casi vacío, un pequeño piano de juguete que toca solo, saltos temporales y una banda sonora deliberadamente anacrónica convierten la historia de Lizzie en una suerte de fantasía teatral. La serie toma los hechos conocidos, el mito construido durante más de un siglo y las imágenes que quedaron asociadas al caso para transformarlos en material de una ficción contemporánea. 

Porque el verdadero interés de esta temporada es hacer una reflexión sobre la llamada “rabia femenina”. Lizzie (Ella Beatty) crece dentro de un hogar victoriano asfixiante, sometida a la autoridad de su padre, Andrew Borden (Charlie Hunnam), y atrapada en una relación conflictiva con su madrastra, Abby Borden (Rebecca Hall). La llegada de Bridget “Maggie” Sullivan (Vicky Krieps) introduce, en cambio, una posibilidad de afecto, deseo y libertad que contrasta con el mundo cerrado en el que Lizzie vive.

El asesinato aparece entonces como la expresión extrema de una existencia marcada por la represión sexual, emocional y social. La temporada incluso amplía ese universo al incorporar a Aileen Wuornos (Sarah Paulson), otra figura emblemática del true crime estadounidense. La conexión ficcional sirve para extender la reflexión más allá del caso Borden: ¿qué ocurre cuando una mujer rompe de manera violenta con el comportamiento que la sociedad espera de ella? Se cuestiona la fascinación cultural que producen las mujeres que aparecen como protagonistas de historias criminales y la manera en que esas figuras son convertidas en mito.

El problema es que la serie no siempre logra sostener esa ambición. El gore, la sexualidad, el humor negro, el melodrama y los elementos grotescos aparecen con tanta insistencia que, en algunos momentos, terminan imponiéndose sobre la reflexión. Hay imágenes poderosas y decisiones de puesta en escena capaces de generar una atmósfera inquietante, pero el espectáculo puede terminar desplazando las relaciones de poder y la construcción de Lizzie como mujer atrapada entre sus deseos y las normas de su época.

La temporada tiene una idea potente: qué significa que una mujer ocupara un lugar dentro del imaginario criminal dominado por hombres. El turno de las mujeres finalmente llega a Monster; lo que queda en discusión es hasta dónde se anima la serie a mirar más allá del espectáculo.

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