2026-09-03

Reestreno

Crítica de “Terminator 2: El Juicio Final”: No hay un destino establecido

Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) se instala 10 años después de los sucesos de Terminator (1984). Skynet envía desde el 2029 un nuevo modelo de exterminador, el T-1000 (Robert Patrick), para matar a un joven John Connor (Edward Furlong), quien está solo ya que su madre, Sarah (Linda Hamilton), se encuentra encerrada en un manicomio luego de un ataque frustrado a las oficinas de Cyberdyne. Pero llega un T-800 (Arnold Schwarzenegger), reprogramado por John con el único objetivo de protegerlo. Juntos tendrán que huir de esta amenaza y reencontrarse con Sarah.

La trama profundiza a sus personajes a través de su evolución. Presenta a John como un chico rebelde que se siente abandonado sentimentalmente por su madre debido a su fijación por convertirlo en el guía de la humanidad. El T-800, aunque no sea el mismo de la primera película, adquiere una mayor complejidad al dejar de ser solamente una máquina de matar que debe cumplir el propósito para el que fue creada y recibir órdenes sin cuestionarlas. Ahora es un ser avanzado capaz de aprender sobre las costumbres humanas y sobre cómo manifestamos nuestros sentimientos, transformándose poco a poco en alguien más compasivo. John encuentra en el robot una figura paterna que lo ayuda a comprender su futuro como un líder capaz de generar esperanza en un futuro pesimista.

Por su parte, Sarah dejó de ser la mujer perseguida por un asesino de metal para convertirse en una soldado atormentada por lo que vivió, preparada para proteger a su hijo. En el filme original, se deja en claro que el destino de John es ser el líder de la resistencia. Pero, en esta secuela, la intervención de los dos autómatas en la línea temporal deja en claro que existe una posibilidad de evitar el Día del Juicio y abrir un nuevo camino a través de los actos que realicen. De esta manera, el recorrido del trío protagonista para escapar y combatir al T-1000 se convierte en un viaje en contra de lo establecido.

Terminator 2: El Juicio Final demuestra cómo las relaciones entre pares pueden ayudarnos a mejorar como especie. Además, nos muestra que el destino no es algo establecido y que cada uno puede generar su propio camino. Por eso concluye con una de las frases de la primera película de la franquicia: “No hay destino, solo existe lo que hacemos”.

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