2026-08-12

Salas

Crítica de “Insaciable”: Un Body Horror sobre los trastornos alimenticios

Insaciable (Saccharine, 2026) recuerda a La sustancia (The Substance, 2024): una protagonista obsesionada con modificar su cuerpo descubre un método extraordinario para conseguirlo. Sin embargo, mientras la película de Coralie Fargeat utilizaba una sustancia para alcanzar una versión idealizada de la juventud, aquí el objetivo es más concreto y cotidiano: adelgazar.

Hana (Midori Francis) encuentra una píldora capaz de provocar una transformación física inmediata, sin esfuerzo ni sacrificio. Pero, como estudiante de medicina, decide analizar su composición y descubre un ingrediente perturbador: ceniza humana. A partir de ese momento comienza a fabricar el producto por su cuenta. Todo parece funcionar hasta que Bertha, la mujer cuyo cuerpo fue utilizado para elaborar las pastillas, comienza a aparecer en sus sueños. Lo que parecía una solución milagrosa empieza entonces a convertirse en una pesadilla.

A partir de allí, la historia escrita y dirigida por Natalie Erika James encuentra el miedo en acciones tan cotidianas como comer, digerir y modificar el propio cuerpo. La propuesta visual acompaña esa transformación con una estética oscura y desagradable, alejada de cualquier representación idealizada. La putrefacción, los fluidos corporales, los órganos y la comida ocupan un lugar central y construyen un universo donde lo orgánico se vuelve cada vez más perturbador.

Esta dimensión se relaciona directamente con la cultura de la dieta, que promete alcanzar el control sobre el cuerpo a través del esfuerzo, la disciplina y la transformación física. Insaciable lleva esa lógica hasta el extremo: aquello que comienza como un intento de controlar el cuerpo termina provocando justamente lo contrario, la pérdida de ese control. La transformación física se convierte así en una experiencia mental cada vez más perturbadora, donde el miedo, la culpa y la obsesión terminan proyectándose sobre el propio cuerpo.

Insaciable tiene, en ese sentido, ideas potentes. El problema aparece cuando la película abandona parcialmente esa dimensión para entregarse a una estructura de terror sobrenatural más convencional. Las apariciones fantasmales y los mecanismos del thriller comienzan a ocupar un espacio cada vez mayor, mientras que el componente sobrenatural, más reconocible y comercial, termina por “devorar” algunas de las posibilidades más interesantes de la premisa.

La comparación con La sustancia resulta inevitable, pero Insaciable consigue construir una identidad propia. Su mayor virtud está justamente en convertir la obsesión por adelgazar y la cultura de la dieta en una fantasía de terror que encuentra en el cuerpo su principal territorio de conflicto.

Te puede interesar