Salas
Crítica de “El final de la calle Oak”: Anne Hathaway y Ewan McGregor en una aventura prehistórica
El final de la calle Oak (The End of Oak Street, 2026) es una aventura fantástica que juega a ser un poco Jurassic Park (1993), con tintes de The Twilight Zone.
Resulta imposible no hacer la conexión con el mundo de Steven Spielberg cuando hay eventos paranormales, chicos en bicicleta, padres que quieren separarse y hasta dinosaurios. Pero la película no queda solo en eso, ya que la manera de presentar a los personajes y la estética en general están fuertemente influenciadas por el director.
La historia sigue a la familia Platt, formada por Denise (Anne Hathaway) y Greg (Ewan McGregor), junto a sus hijos Brian (Christian Convery) y Audrey (Maisy Stella). Todo parece transcurrir dentro de la normalidad de un barrio suburbano típico de los ochenta, hasta que un misterioso fenómeno cósmico hace desaparecer Oak Street de su entorno y la transporta a un lugar desconocido. Allí descubren que las reglas de su mundo ya no existen y que la amenaza puede aparecer en cualquier momento.
El final de la calle Oak es una película digna de verse en cine, pero también en un sábado por la tarde familiar. Se siente de otra época, pero con efectos actuales. Tiene vibras de un cine que sabe lo que busca y no se complica con explicaciones confusas ni se extiende en su duración. Se toma su tiempo para hacer una buena introducción y conocer a sus personajes y al pueblo antes de comenzar la acción y ver a los dinosaurios que, al mejor estilo Jurassic Park, tardan en aparecer y se van mostrando de a poco hasta convertirse en protagonistas, casi tanto como la familia Platt.
Lo diferente de este viaje en el tiempo involuntario es que burbujas de diferentes tamaños deciden aleatoriamente qué lugar es trasladado, a dónde y en qué momento de la historia. Por tanto, todo el vecindario, con casas, calles y vecinos, aparece conviviendo con dinosaurios de todo tipo. Por supuesto, esta convivencia no es posible y lo que arranca como algo casi simpático se va poniendo más oscuro. También cambia el tono de la dirección y las situaciones se vuelven más complejas y sangrientas.
Es evidente la colaboración en la producción de J.J. Abrams (Super 8, Lost), quien suele abrir montones de ventanas que luego no se terminan cerrando. Con la diferencia de que, en este caso, parece ser lo mejor para la historia dejar abierto el motivo de los eventos sobrenaturales. El foco no está puesto en ese lugar y es un gran acierto no depender de una revelación final estruendosa. Así, la película logra mantener el espíritu de aventura y comedia ochentosa.