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Crítica de “Elize: Sombras de una mujer”: Prostitutas, armas y moralina
Inspirada en el estremecedor caso real de Elize Matsunaga, que conmocionó a todo Brasil tras asesinar y descuartizar a su marido, Elize: Sombras de una mujer (Elize: Sombras de uma Mulher, 2026) comienza con el crimen para luego reconstruir, en capítulos que no respetan necesariamente el orden cronológico de los acontecimientos, los motivos que condujeron a la protagonista a cometer el truculento asesinato.
Elize (Lorena Comparato) es una prostituta VIP a quien uno de sus clientes, el multimillonario japonés Marcos Matsunaga (Henrique Kimura), le propone matrimonio. Todo parece felicidad hasta que el hombre continúa frecuentando prostitutas. La infidelidad y la afición por las armas de caza conforman el cóctel explosivo que termina desestabilizando a esta mujer.
La película, dirigida por Felipe Vellas y escrita por Mariana Torres, pretende reivindicar a la protagonista a través de su relato. Busca mostrar el calvario que vivió y los motivos que la llevaron a cometer el crimen, invitando al espectador a ponerse en su lugar al narrar los hechos desde su perspectiva. Sin embargo, para bien o para mal, también la termina condenando por sus actos. Los episodios de su pasado, el abuso sufrido por parte de su padrastro, su reputación como prostituta y su fascinación por la cacería aparecen como los factores que la condujeron por el mal camino.
Esto se vuelve evidente porque hay un aspecto mucho más interesante que el que finalmente desarrolla la película: la simetría de poder entre el empresario y la prostituta. Ella debe transformarse al convertirse en esposa y madre, e incluso así es juzgada por el entorno, mientras que él no recibe el estigma social por sus actos gracias a su poder económico. La moral parece ser una cuestión de poder y no de ética.
Sin embargo, esta idea, mucho más rica, apenas se insinúa en la trama. El modo en que se ordenan los acontecimientos termina describiendo la caída en desgracia de la protagonista como la consecuencia de los celos incontrolables, y no como el resultado de las constantes humillaciones infligidas por el hombre que debía protegerla.
La película funciona en términos narrativos gracias a un ritmo eficaz y atractivo. Resulta fácil de ver y cuenta su historia con solvencia. Sin embargo, el problema es ideológico, porque plantea una situación extraordinaria —que un millonario decida casarse con una prostituta— no para poner en crisis las desigualdades sociales, sino para mostrar las nefastas consecuencias que esa decisión puede acarrear en el millonario.