Salas
Crítica de “Engendro”: Seidi Haarla y el horror de la maternidad
Engendro (Nightborn, 2026) propone una perturbadora fábula de terror sobre los miedos de una madre frente a la llegada de su primer hijo. A partir de una historia que combina horror psicológico y elementos fantásticos, la película explora aquello que suele permanecer oculto detrás del ideal de la maternidad.
En los últimos años, el cine ha comenzado a abordar con mayor frecuencia el costado más oscuro de la experiencia materna, desarmando el mandato de felicidad absoluta asociado a la crianza. Películas como Si tuviera piernas te patearía (If I Had Legs I'd Kick You, 2025) o La hija oscura (The Lost Daughter, 2021) ya habían puesto en escena esas contradicciones, mostrando el agotamiento, la culpa y la pérdida de identidad que pueden acompañar ese proceso.
Bajo la promesa de una vida familiar idílica, Sara (Seidi Haarla) se muda junto a su esposo Jon (Rupert Grint) a una antigua casa semiderruida perteneciente a la familia finlandesa de ella, aislada en medio del bosque. El plan es comenzar una nueva vida y formar una familia numerosa. Sin embargo, el nacimiento del primer hijo pronto convierte ese sueño en una experiencia angustiante.
Dirigida por Hanna Bergholm y coescrita junto con Ilja Rautsi, la película retrata en primera persona el desgaste físico y emocional que implica la crianza de un recién nacido. El relato recorre distintas dimensiones de esa experiencia que pueden adquirir un cariz inquietante: la lactancia, la falta de sueño, la presión familiar ejercida por la madre y la suegra, la alimentación, la interrupción de la vida sexual, el alejamiento del mundo laboral y, sobre todo, un agotamiento permanente que termina alterando la percepción de la realidad.
Todo ese universo íntimo es narrado desde el terror fantástico. El nacimiento del bebé parece despertar una misteriosa conexión con el bosque y con fuerzas primigenias de la naturaleza, que revelan un costado salvaje y monstruoso del niño ante los ojos del mundo civilizado. Lo extraño se transforma en amenaza y los temores de Sara terminan materializándose en una sucesión de situaciones cada vez más perturbadoras.
Más allá de sus criaturas y de sus elementos sobrenaturales, Engendro funciona esencialmente como una película de terror psicológico. La narración adopta el punto de vista de Sara y convierte su percepción alterada en el eje de la historia. Seidi Haarla transmite con enorme intensidad el deterioro emocional de una mujer atrapada entre el amor por su hijo y el miedo a aquello que ese vínculo parece despertar. Por su clima opresivo, su simbolismo y su exploración de la fragilidad mental, la película remite por momentos al cine de Lars von Trier.
Su principal limitación aparece en el desarrollo del conflicto. Una vez planteada la metáfora sobre el horror de la maternidad, el relato encuentra pocas variaciones y parece conformarse con profundizar una única idea. La película nunca encuentra una nueva vuelta de tuerca que amplíe el conflicto o sorprenda al espectador. Esa decisión no debilita su discurso, pero sí vuelve el recorrido algo previsible y hace que la potencia de su premisa termine dependiendo más de la atmósfera que de la evolución dramática.
Aun así, Engendro confirma que el terror sigue siendo uno de los géneros más fértiles para abordar los miedos más íntimos. En este caso, convierte la maternidad en un territorio donde el amor, el agotamiento y el miedo se confunden hasta hacer imposible distinguir la realidad de la pesadilla.