Gaumont
Crítica de “La tierra explota: El tiempo se acaba”: La resistencia frente al avance del extractivismo
La crisis climática ya no pertenece al terreno de las advertencias sino al de la experiencia cotidiana. La tierra explota: El tiempo se acaba (2026) parte de esa certeza para recorrer distintos puntos de la Argentina donde el extractivismo se transformó en una amenaza concreta para quienes habitan esos territorios. Lepore elige acercarse a quienes conviven con esa realidad y hacen de la organización colectiva una forma de resistencia.
Jenny Luján, Mariela Leiva, Miriam Samudio y Guni Cañas enfrentan conflictos diferentes: la megaminería, el fracking y el uso de agrotóxicos. Pero el documental no las ubica en solitario contra el problema ambiental que enfrentan, sino en conjunto con las asambleas, las movilizaciones y los cortes de ruta de los cuales forman parte. De esta manera, la película demuestra que el sujeto político no es el individuo, sino la comunidad organizada.
Así, el realizador Juan Pablo Lepore (Sin patrón, una revolución permanente, 2014) alterna entrevistas, registros de las protestas e imágenes de los territorios amenazados para describir el funcionamiento del modelo extractivo, el impacto del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) y la influencia de las grandes corporaciones. Cada explicación encuentra su correlato en cuerpos, paisajes y experiencias concretas damnificadas por el accionar corporativo.
Hay, además, una decisión visual de confrontar dos formas opuestas de relacionarse con el territorio. De un lado aparecen las maquinarias, los emprendimientos industriales y la lógica de explotación; del otro, los ríos, los montes, las comunidades y las prácticas de cuidado. Esa tensión atraviesa toda la película y construye un conflicto en donde las imágenes hablan por sí mismas y exponen la asimetría de poder.
Como Pino Solanas, Lepore hace un cine de denuncia utilizando al cine como una herramienta de intervención política. Con este relato busca visibilizar tanto prácticas empresariales como el avance de las políticas favorables para el extractivismo. Sin caer en el optimismo ingenuo, el documental encuentra en la acción colectiva, una de las pocas herramientas capaces de cambiar el rumbo de la historia.