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Crítica de “The Christophers”: Ian McKellen y el arte según Soderbergh
Los Christophers (The Christophers, 2025) articula una serie de interrogantes en torno a la figura de un artista en el ocaso de su trayectoria y a la restauradora que lo acompaña durante sus últimos días. A partir de ese encuentro, la película explora cuestiones vinculadas con la autoría, la transmisión del conocimiento y la permanencia de la obra más allá de la muerte de su creador.
Lori Butler (Michaela Coel) es una falsificadora de arte que recibe un encargo singular por parte de los hijos de Julian Sklar (Ian McKellen), un célebre pintor de vida bohemia que lleva años sin producir nuevas obras: completar una serie de cuadros inconclusos que el artista mantiene ocultos en el altillo de su casa. Sobre esta premisa, la película construye una relación progresivamente compleja entre ambos personajes, atravesada por conversaciones sobre el amor, la creación, la muerte y la huella que un artista deja en el tiempo.
Con un punto de partida relativamente sencillo, Steven Soderbergh y el guionista Ed Solomon despliegan un amplio campo de reflexión acerca de la naturaleza del arte, su función y su dimensión existencial. Sin embargo, entre los múltiples temas que el relato pone en circulación, la película termina privilegiando el vínculo entre maestro y discípula, configurando una historia de aprendizaje mutuo entre dos figuras que encarnan perspectivas opuestas sobre la creación artística.
Esta decisión narrativa genera la impresión de que el film opta por un recorrido más contenido y convencional. Y esto queda manifiesto porque varios de los interrogantes más sugerentes que plantea permanecen apenas esbozados: el peso de la herencia artística, la creación como necesidad vital, la relación entre sufrimiento y producción estética, o las lógicas de un mercado que exige una productividad constante para preservar el valor económico y simbólico de una firma.
Soderbergh deposita gran parte de la fuerza dramática en sus intérpretes, con un Ian McKellen particularmente inspirado. Su composición de Sklar combina ironía, teatralidad y vulnerabilidad, dotando al personaje de una notable riqueza de matices. Michaela Coel, por su parte, construye una figura mucho más contenida y observacional. La puesta en escena enfatiza el contraste entre ambos registros actorales, convirtiendo esa tensión en el principal motor emocional del relato.
Aunque no desarrolla plenamente todas las problemáticas que introduce, Los Christophers encuentra su principal interés en la discusión sobre la autenticidad, la autoría y la persistencia de la obra artística frente al paso del tiempo. Soderbergh privilegia la dimensión humana de estos conflictos antes que su desarrollo conceptual, construyendo un relato íntimo que se sostiene en la solidez de sus interpretaciones.