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Crítica de “Coco antes de Chanel”: una biopic que recorre el mito pero pierde de vista a la mujer detrás del ícono
Los franceses, como buena parte de la industria audiovisual global, han dedicado los últimos años a llevar a la pantalla las vidas de sus figuras más reconocidas mediante producciones de reconstrucción histórica y retratos biográficos de gran despliegue formal que, muchas veces, no logran traducirse en resultados narrativos sólidos. La vida en rosa (2007), de Olivier Dahan, sobre la vida de Edith Piaf, representó uno de los ejemplos más exitosos de esa tendencia y alcanzó una repercusión internacional que trascendió al propio género biográfico.
En esa misma línea se inscribe Coco antes de Chanel (Coco avant Chanel, 2009), dirigida por Anne Fontaine, un acercamiento a la figura de Gabrielle “Coco” Chanel que termina ofreciendo un retrato más pendiente del mito que del recorrido humano detrás de una de las figuras más influyentes de la moda del siglo XX. Lejos de cualquier origen aristocrático, Chanel construyó su camino desde una realidad social distante de los círculos de privilegio que más tarde dominaría. Su habilidad para la costura, su capacidad para leer los cambios culturales y su voluntad de romper ciertas convenciones terminaron convirtiéndola en una referencia central de la moda moderna.
Audrey Tautou, recordada mundialmente por Amélie (2001), construye una Coco que oscila entre la vulnerabilidad, la ambición y cierta actitud desafiante frente a un universo dominado por hombres. La película insiste en presentar una protagonista que utiliza los vínculos afectivos y las relaciones personales como parte de su estrategia de ascenso social, aunque ese recorrido aparece tratado desde una superficie dramática que pocas veces profundiza en sus contradicciones.
Paradójicamente, para una película sobre una diseñadora que transformó la historia de la moda, el vestuario ocupa un lugar menor dentro del relato. Más allá de algunas escenas donde Coco cuestiona los códigos estéticos de su época mediante diseños de líneas simples e inspiración masculina, Fontaine concentra la narración en romances, desencuentros sentimentales y tensiones personales que terminan desplazando aquello que definió la dimensión histórica del personaje.
El principal problema aparece en la estructura narrativa. El relato avanza con irregularidad, repite situaciones y pierde impulso dramático hasta convertir varios pasajes en una experiencia plana. La reconstrucción de época, el diseño de vestuario y una fotografía desaturada aportan una identidad visual reconocible, pero no alcanzan para sostener una película que encuentra dificultades para construir una mirada propia sobre su protagonista.
Hacia el cierre, una elipsis temporal lleva abruptamente a Coco Chanel a uno de sus desfiles más importantes. Recostada sobre una escalinata, observando el resultado de aquello que construyó, la cámara se aproxima lentamente hasta fundirse con una imagen en blanco y negro antes de los títulos finales. Allí aparece, quizás por primera vez, la dimensión simbólica que la película parecía buscar desde el comienzo y que durante buena parte del recorrido nunca termina de encontrar. Coco antes de Chanel se suma así a una larga tradición de biopics que reconstruyen una figura histórica sin lograr descifrar aquello que la convirtió en un personaje irrepetible.