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Crítica de “The Story of Everything”: un documental que cuestiona las certezas científicas
La historia de la humanidad está atravesada por paradigmas sociales, culturales, científicos y económicos: marcos de pensamiento que nos permiten entender, comprender e interpretar el mundo —y el universo— desde una perspectiva determinada. A fines del siglo XIX, el paradigma científico consolidó una manera de concebir la existencia que parecía incuestionable y que, en gran medida, continúa vigente hasta hoy. Sin embargo, en tiempos atravesados por el desarrollo de las inteligencias artificiales, esa visión sustentada exclusivamente en la evidencia comprobable comienza a percibirse insuficiente. El documental La historia de todo (The Story of Everything, 2026) irrumpe precisamente para poner en tensión ese discurso positivista y abrir nuevos interrogantes a partir de la propia evidencia científica.
Basado en el libro “El regreso de la hipótesis de Dios”, de Stephen Meyer, el film —producido por Brian Bird (When Calls the Heart) y Jason Pamer (After Death), con producción ejecutiva de Lee Strobel— recorre las distintas teorías y figuras que moldearon nuestra cosmovisión contemporánea respecto del origen del universo, la vida, la evolución y el lugar de la humanidad en la galaxia. A través de testimonios de científicos como Stephen C. Meyer, Jay Richards, Douglas Axe y Timothy McGrew, el documental se distancia deliberadamente del tono académico tradicional para reconstruir el pensamiento de algunas de las mentes más influyentes de la modernidad y revisar las ideas que estructuran nuestra manera de pensar.
La puesta en escena refuerza esa intención revisionista. Sentados en antiguas butacas, rodeados de dispositivos analógicos y envueltos en una paleta de tonos marrones, los especialistas exponen sus ideas frente a imágenes de archivo proyectadas en un gran televisor de madera. Teléfonos de disco, grabadoras de cinta, lámparas de pie y grandes bibliotecas completan una estética que remite a otro tiempo y subraya el anclaje histórico de los discursos cientificistas. Al mismo tiempo, esa reconstrucción del pasado funciona como una invitación a revisitar evidencias que quizá fueron desestimadas en su momento y que hoy podrían habilitar nuevas búsquedas filosóficas y existenciales. La nostalgia, en este sentido, se convierte en un puente hacia nuevas formas de pensamiento.
Las teorías sobre el universo, la creación y la vida en la Tierra son acompañadas por imágenes de una belleza deslumbrante. Telescopios astronómicos capturan la inmensidad y el esplendor del cosmos, mientras las cámaras recorren algunos de los rincones más impactantes del planeta para resaltar su complejidad y armonía. A escala microscópica, células y moléculas de ADN son retratadas con un nivel de detalle asombroso. Esa espectacularidad visual introduce, además, uno de los grandes interrogantes que atraviesan la película: ¿puede semejante perfección surgir únicamente del azar? La idea de una inteligencia creadora comienza entonces a insinuarse como una posibilidad.
Sin embargo, el documental evita posicionarse como una refutación directa de las teorías científicas contemporáneas. Su objetivo no es reemplazar un paradigma por otro, sino abrir espacios de reflexión y cuestionamiento. La historia de todo propone revisar las certezas establecidas y pensar nuevos modelos de comprensión para un universo que continúa siendo, al mismo tiempo, misterioso y fascinante.