Salas
Crítica de “Michael”: Una biopic prometedora que no termina de despegar
El punto de inflexión reciente del género puede rastrearse en Rapsodia Bohemia (Bohemian Rhapsody, 2018), cuya narrativa dinámica y su estructura clásica del camino del héroe marcaron una tendencia para retratar la vida de Freddie Mercury. A partir de ese modelo, el productor Graham King impulsó otros proyectos, como la biopic de Whitney Houston, que pasó sin demasiado impacto precisamente por replicar la fórmula sin alcanzar la misma intensidad emocional.
Con Michael (2026), protagonizada por Jaafar Jackson, King vuelve a insistir en ese esquema: un relato que arranca en la infancia del artista y sigue un trazado previsible de ascenso. Sin embargo, aquí el dispositivo se resquebraja rápidamente por la ausencia de un objetivo dramático claro y, sobre todo, por la falta de decisión para abordar las controversias que atravesaron la vida del cantante. A diferencia de otras biopics más arriesgadas, esta omisión le resta densidad y deja al film en una zona de comodidad que termina jugando en su contra.
Esa falta de contenido se traduce en una primera mitad particularmente vacía, incapaz de encontrar un eje definido. El desarrollo del costado personal de Michael queda reducido casi exclusivamente a su conflictiva relación con su padre, Joseph Jackson (interpretado por Colman Domingo), mientras que otros aspectos de su intimidad apenas se esbozan. Incluso ese vínculo central se construye desde una lógica simplificada, cercana al cuento moral: Michael como figura inocente enfrentada a un padre casi caricaturesco, lo que no solo empobrece el conflicto sino que le resta credibilidad al conjunto.
En paralelo, si bien la película hace un uso eficaz de la música —especialmente en los montajes que recrean momentos clave de su carrera y algunos de sus videoclips más emblemáticos—, el relato evita profundizar en el proceso creativo del artista. En lugar de explorar la génesis de su obra, opta por encadenar grandes éxitos y reconstrucciones de conciertos icónicos. Algo similar ocurre con su vida privada: se sugieren zonas más íntimas, pero nunca llegan a desarrollarse plenamente, quedando incluso opacadas por el énfasis puesto en el arco de Joseph.
En definitiva, Michael es una película con buenas intenciones y un potencial evidente, sostenida en gran medida por la notable interpretación de Jaafar Jackson, cuya composición resulta sorprendentemente fiel tanto en lo físico como en lo gestual. Sin embargo, más allá de ese logro, el film se percibe como una sucesión de momentos clave sin un conflicto vertebrador sólido. A lo largo de sus 120 minutos, plantea líneas dramáticas que nunca termina de cerrar, dejando la sensación de un relato incompleto que parece reservar sus tensiones más relevantes para una secuela ya anunciada.