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Crítica de “Máquina de guerra”: Alan Ritchson es el nuevo “Depredador”
Algo de película de reclutamiento y algo de Transformers tiene Máquina de guerra (War Machine, 2026), un film que puede leerse como una nueva y potente versión de Depredador (Predator, 1987), justo en un momento en que Disney viene deformando la franquicia inaugurada por Arnold Schwarzenegger.
La trama es muy, pero muy parecida: un grupo de soldados —aquí reclutas en la fase final del entrenamiento para rangers— es enviado a dinamitar un avión estrellado. Pero en el bosque se topan con una amenaza extraterrestre invencible que los escanea antes de aniquilarlos uno por uno.
Y así como la primera película de Depredador jugaba con la idea de quién era el verdadero depredador —si el monstruo intergaláctico o el soldado temperamental que no se daba por vencido—, Máquina de guerra propone algo similar con el robot y su terco contrincante.
Más allá de la trama, Máquina de guerra también está bien filmada por Patrick Hughes, quien además coproduce y coescribe. Los personajes y sus motivaciones internas son construidas con solidez dramática, y las escenas de acción sostienen una tensión arrolladora de cualquier película bélica.
Claro que, hacia la mitad de la película, la acción deja de lado el suspenso para desplegar un espectáculo de luces y fuegos más cercano a Transformers o a cualquier videojuego. Pero para entonces ya estamos dentro de la historia, dispuestos a llegar hasta el final.
Máquina de guerra no deja de ser una oportuna película de reclutamiento, como aquellas que se producían en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, cuando pareciera que estamos en vísperas de la tercera, aparecen estos relatos que enaltecen el sentimiento patriota, el liderazgo, el compañerismo y el deseo de matar frente a una amenaza global que, como en la mayoría de estas historias, es inexistente.