76 Berlinale
Crítica de "Yellow Letters": arte, censura y un drama que se queda en la superficie
Entre los festivales clase A del mundo (después de nuestro festival de Mar del Plata), la Berlinale es posiblemente aquel en el cual más desembozada y evidente resulta la intervención de la política local (y su mirada sobre el mundo). El desplazamiento del anterior director artístico, Carlo Chatrian, tuvo mucho que ver con eso. Y, apenas terminado esta 76° edición del festival, su reemplazante, Tricia Tuttle vio peligrar su cargo ¿por no haberse manifestado a favor de la política alemana y su apoyo a Israel? ¿Por haber guardado silencio frente a las declaraciones de muchos participantes del festival (incluso en la ceremonia de premios) en contra de aquella política? ¿Por no haber censurado a estos últimos?
En fin, en una edición que comenzó con el debate en torno a las declaraciones del presidente del jurado de la Competencia Oficial, Wim Wenders, afirmando que el cine (y el festival) no debería mezclarse con la política, los premios se parecen bastante a un pedido de disculpas frente a aquellos dichos (recular en chancletas o pedir la escupidera según se dice por nuestras tierras). Y, como sucede cuando las disculpas no son de corazón o los cambios derivan más de la conveniencia que del convencimiento, la exposición que de ellos resulta ni siquiera sirve al vicario propósito pretendido.
Es que en los premios se notó un afán de conformar en relación con el tema de las películas más que una verdadera valoración de ellas. Las mejores películas (Dao, de Alain Gomis, The Loneliest Man in Town, de Tizza Covi y Rainer Frimmel y My Wife Cries, de Angela Shanelec) se fueron con las manos vacías. Y el premio mayor recayó en la ciertamente menor y olvidable Yellow Jackets (2026), de Ilker Çatak.
En la nueva película del director de la candidata al Oscar El salón de profesores (The teachers’ lounge, 2023) lo más destacado y original es que ya desde la presentación y títulos que copan la pantalla, no sólo se presenta a los actores y actrices que componen los personajes sino que lo propio sucede con las ciudades que habitan. Berlín y Hamburgo “hacen de” o interpretan a Ankara y Estambul. Idea interesante, guiño claro pero que elude poner en palabras la situación que tiene que ver con la imposibilidad de filmar esta película en Turquía. La deriva narrativa, lamentablemente no tiene ese grado de ingenio y menos aún de sutileza.
En Yellow Letters nos encontramos con Derya y Aziz, una pareja de artistas célebres y respetados de Ankara. Pertenecientes a una burguesía acomodada, a la élite cultural, llevan una vida plena con su hija Ezgi, de 13 años (que ciertamente aparenta muchos más). En el comienzo el foco parece centrarse en los pequeños detalles, tropiezos e inconvenientes de una deriva ciertamente amable y cómoda, hasta que un incidente en el estreno de la nueva obra (qué él dirige y en la que ella actúa) lo cambia todo. De la noche a la mañana, se convierten en blanco del Estado y pierden sus trabajos y su hogar. Se mudan a Estambul para quedarse temporalmente con la madre de Aziz. Éste tiene que empezar a manejar un taxi para ganarse la vida sin dejar de lado sus convicciones. Por su parte, para Derya las necesidades económicas la llevan a pensar en si vale la pena mantener su postura o morigerar de alguna manera sus ya no tan estrictos principios.
Grueso dilema moral en el que las discusiones se ponen en escena a través de planos y contraplanos y el distinto camino de los integrantes de la pareja se cuentan a través del montaje paralelo. Bienintencionada en su mensaje, su discurso tan lineal y superficial elude toda especificidad y filo, lo que, ciertamente, le resta fuerza.
El resultado se parece bastante a una telenovela, en la que las necesidades del momento han llevado a injertarle algo de “contenido comprometido”. Pero esa esencia de folletín desdibuja también ese pretendido compromiso cuando, sobre el final, el acento parece ponerse más en los problemas de pareja y nimiedades cotidianas que en un intento con algo de profundidad de denunciar la situación que se vive en Turquía.