2026-02-17

Salas

Crítica de “Líbralos del mal”: Osgood Perkins y una evocación superficial del miedo

En Líbralos del mal (Keeper, 2025), Osgood Perkins vuelve a explorar el terror íntimo y atmosférico, apoyado en climas opresivos y una puesta en escena inquietante. Sin embargo, detrás de su ambición por construir un relato más profundo y perturbador, la película tropieza con fórmulas conocidas que atenúan el impacto de su propuesta.

La historia comienza con el clásico retiro romántico en una cabaña aislada en el bosque. Sin embargo, cuando Malcolm (Rossif Sutherland) debe regresar inesperadamente a la ciudad, Liz (Tatiana Maslany) queda sola y empieza a percibir una presencia inquietante. Lo que en principio parece una amenaza sobrenatural —o quizá algo aún más perturbador— comienza a revelarse de a poco, mientras los secretos que esconde tanto la cabaña como la propia relación de la pareja pasan a ocupar el centro del conflicto.

Hay escenas que logran resultar perturbadoras desde lo visual, aunque también transmiten una sensación de déjà vu: remiten a recursos ya explorados en múltiples ocasiones dentro del género. El supuesto terror psicológico nunca termina de consolidarse como tal y queda reducido al suspenso por saber qué ocurrirá a continuación. El problema es que esa expectativa se diluye por la acumulación de lugares comunes y la escasa novedad narrativa. En su intención de acercarse al terror de autor asociado a Ari Aster o Jordan Peele, Líbralos del mal (Keeper, 2025) termina convirtiéndose en una película más dentro del catálogo: eficaz para pasar el rato, pero lejos de dejar una huella perdurable.

A su favor juegan, sin dudas, las actuaciones de sus protagonistas, que transmiten con solvencia la incertidumbre y el conflicto interno de sus personajes. La primera mitad —la más convencional pero también la mejor construida— se sostiene gracias a ese trabajo actoral y a la ambigüedad que rodea el rumbo de la historia. En la segunda parte, el peso recae principalmente en las imágenes, tanto de la naturaleza como de las manifestaciones sobrenaturales, con una puesta en escena que apuesta por lo atmosférico.

El diseño sonoro merece una mención especial: inquietante y envolvente, potencia la experiencia en sala y aporta una dimensión sensorial que la narración no siempre consigue sostener. La mayor debilidad, en cambio, radica en el guion y en una dirección que carecen de cohesión y creatividad. Da la impresión de que Osgood Perkins, más preocupado por mantener un ritmo de producción constante, entrega aquí una obra que parece realizada con cierta premura, desaprovechando el potencial de su premisa.

Te puede interesar