2026-02-03

Festival de Rótterdam 2026

Crítica de "Para hacer una película solo hace falta un arma": Santiago Sein entre el archivo, la memoria y el cine político

Si para Jean-Luc Godard lo necesario para realizar una película era una pistola y una chica, para Santiago Sein (a quien conocemos por Yo no es otro, de 2021 y Las latas, de 2023) ese requisito se restringe sólo al arma. Para retratar los finales de los sesentas y comienzos de los setentas del siglo pasado, esa referencia ligada al impulso revolucionario y la reacción represiva, parece ciertamente pertinente. 

Si el título puede sonar un poco extraño para un documental vinculado con el descubrimiento y recuperación de material fílmico que se creía perdido, quizás corresponde añadir algunos datos. Ese material había sido filmado por los estudiantes de la Escuela de Cine y se guardaba en la Cinemateca de la Universidad Nacional de Córdoba durante los años 60 y 70. Ese material (cortometrajes de ficción y documentales) retrataba el clima de época en lo que hace a las relaciones personales, pero también políticas, vemos el registro de manifestaciones populares y de la represión. Ese material se pensaba que había sido destruido cuando la última dictadura militar cerró la cinemateca y dio por terminado ese vital y prolífico proyecto. 

Un día en 2019 Santiago Sein recoge de la basura pilas de latas de películas, sin tener idea alguna sobre su contenido. La mayoría de las latas no tenía elemento alguno que las identificase. Sólo una tenía un título que podía dar una pista de que valía la pena investigar un poco más. Así, poco a poco, el realizador comenzó a entender qué es lo que había encontrado: aquellos cortometrajes de los estudiantes a los que antes referimos. Además que entre esos estudiantes se hallaba su profesor Oscar Moreschi.

El encuentro con Moreschi da cuenta de la posibilidad de lo imposible. La reacción de su profesor fue en principio tajante: no podía ser, esos cortometrajes habían desaparecido por acción de la dictadura, tal como habían desaparecido muchos de quienes los habían realizado. El descubrimiento recupera una parte de nuestra historia y (justicia poética al fin) da cuenta de que lo imposible es silenciar lo ocurrido. Los cortometrajes (incompletos por las pérdidas pero posiblemente también porque nunca se concluyeron, ya que se trataba en muchos casos de estudios y ejercicios) dan cuenta de ese tiempo en el que se creía en una utopía, así como la salvaje manera en que se intentó destruir esa esperanza. La mirada política interesa tanto como los pequeños detalles que hablan de otro mundo, incluso en asuntos tan aparentemente nimios como los tonos, el modo de decir, la música, la vestimenta.

Pero Para hacer una película solo hace falta un arma (2026) no sólo no es una película de cabezas parlantes (los testimonios no son tantos), sino que tampoco parece esas películas que se quedan en la compilación del hallazgo de archivo (en este caso, sin dudas importante). Es que, un poco a la manera de la genial La película infinita (que Leandro Listorti presentó aquí mismo, en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam en 2018), Sein encuentra una deriva narrativa en los cortos y retazos con que cuenta. A través de ellos seguimos la historia de los jóvenes estudiantes y realizadores, así como el devenir político y social. Hay héroes y villanos. Hay intriga que nos inquieta tanto como nos interesa la historia (la de los personajes así como la del país).

Verdadero prodigio, no podemos sino recomendar esta película para su esperado estreno en Argentina. Sin dudas el momento actual resulta particularmente propicio para acercarse a Para hacer una película solo hace falta un arma. Quizás, para finalizar estas apuradas líneas cabría traer a colación la famosa máxima del dramaturgo ruso Antón Chejov, conocida como "el arma de Chejov": todo elemento narrativo debe ser necesario e insustituible. En concreto: "Si en el primer acto tienes una pistola colgada en la pared, entonces en el siguiente debe ser disparada. Si no, no la pongas ahí". Lo dicho; no estaría mal tenerlo presente.

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