2025-12-29

Informe especial

"Asiento mortal" y el subgénero de padres e hijas en el cine de violencia

Si hubiera que trazar un mapa de las películas que abordan la relación entre padres e hijas en contextos de violencia, Asiento mortal (She Rides Shotgun, Nick Rowland, 2025) ocuparía un lugar destacado dentro de ese recorrido. No por la novedad de su punto de partida —un padre marcado por un pasado criminal que debe proteger a una hija a la que apenas conoce—, sino por la manera en que reordena materiales ya transitados por el cine de acción, el noir y la road movie.

El esquema remite a títulos como Logan (James Mangold, 2017) o Llamas de venganza (Firestarter, Mark L. Lester, 1984), adaptaciones donde el vínculo filial se ve atravesado por la huida, la persecución y una amenaza constante. En ese sentido, podría pensarse este conjunto de relatos como un subgénero autónomo, derivado de una vertiente popular del Bildungsroman: historias de aprendizaje atravesadas por una brecha generacional, donde el parentesco y el género de los protagonistas introducen una tensión específica.

La pregunta que organiza estos relatos es siempre la misma: ¿cómo puede un padre, con un pasado que lo persigue, hacerse cargo de una niña en tránsito hacia la adolescencia mientras ambos son amenazados de muerte? El planteo contiene potenciales narrativos evidentes, aunque en muchos casos las obras se detienen antes de desarrollar por completo sus implicancias éticas y psicológicas. No es casual que, bajo distintos registros —ciencia ficción, terror, western o realismo—, estas historias adopten casi siempre la forma de una road movie.

Argumento y estructura narrativa

En Asiento mortal, Nathan “Nate” McClusky (Taron Egerton) sale de prisión decidido a cortar lazos con su pasado criminal. Ese intento de ruptura provoca una represalia directa de la organización supremacista Aryan Steele, para la que trabajó desde dentro. El ataque culmina con el asesinato de su esposa y obliga a Nate a rescatar a su hija Polly (Ana Sophia Heger), una niña de once años que apenas lo conoce.

La huida se inicia con una escena clave: Polly sale del colegio y nadie la espera, salvo un desconocido de aspecto intimidante que resulta ser su padre. A partir de allí, el relato se organiza como un desplazamiento constante, donde Nate enseña a Polly estrategias básicas de supervivencia y, en paralelo, la niña empieza a asumir un rol activo. La transformación de Polly no responde a un arco heroico tradicional, sino a un proceso de adaptación forzada por el contexto.

Interpretaciones y filiaciones cinematográficas

Este tipo de relatos exige una relación de confianza entre los intérpretes que encarnan al padre y a la hija. En ese sentido, Egerton y Heger sostienen la película a partir de escenas de intimidad cotidiana: un corte de pelo improvisado para ocultar la identidad de la niña, o un entrenamiento rudimentario con un bate de béisbol como forma de defensa.

Esas secuencias remiten de manera directa a El perfecto asesino (Léon: The Professional, Luc Besson, 1994) y a Hanna (Joe Wright, 2011), donde el aprendizaje en la violencia aparece ligado a un vínculo de protección ambigua. En Asiento mortal, ese aprendizaje se inscribe en un marco de thriller carretero que incluye persecuciones, un sheriff corrupto (Houser, interpretado por John Carroll Lynch) y la figura del agente que decide quebrar la lógica institucional (John Park, a cargo de Rob Yang).

Origen literario y límites de la adaptación

La película adapta la novela La educación de Polly McClusky (2017), del escritor estadounidense Jordan Harper. Proveniente del noir literario, Harper construyó un relato que explora el subsuelo social y la herencia de la violencia como sistema. La novela fue reconocida con el Premio Edgar, otorgado por la Mystery Writers of America, lo que situó al autor junto a nombres centrales del género.

La adaptación cinematográfica, aun con Harper involucrado en el guion, omite pasajes relevantes del material original y opta por resoluciones dramáticas más convencionales. El tiroteo final, en particular, evidencia una simplificación narrativa que reduce la densidad ética presente en el libro.

Lectura crítica y sentido del título

Desde una perspectiva crítica, Asiento mortal confirma la persistencia del arquetipo del padre que busca redención a través del cuidado filial. Rowland administra con eficacia la alternancia entre intimidad y violencia, aunque esa decisión implica sacrificar verosimilitud en favor de la tensión dramática. La película se apoya en las actuaciones y en un uso del paisaje como espacio de expiación, pero evita profundizar en los dilemas morales que plantea su premisa.

El título original aporta una clave de lectura. “She rides shotgun” alude a la práctica del Viejo Oeste en la que un acompañante armado viajaba junto al conductor para proteger la diligencia. Polly no ocupa ese lugar como figura pasiva, sino como copiloto simbólica del recorrido. No empuña un arma, pero participa de la defensa desde el aprendizaje y la toma de conciencia.

En ese gesto reside el núcleo del film: no tanto una historia de acción, sino una parábola sobre la transmisión de la violencia y la posibilidad —siempre frágil— de interrumpirla. Dentro del subgénero de padres e hijas, Asiento mortal se inscribe como una variación reconocible, sostenida por su estructura clásica y por la tensión constante entre herencia y elección.

 
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