1934 - 2025
Murió Brigitte Bardot: el final de una era entre el cine y la música
Hay despedidas que no se explican desde la coyuntura sino desde la memoria cultural. La partida de Brigitte Bardot (28 sept 1934 - 28 dic 2025) no solo marca el final de una vida pública sino el repliegue definitivo de un modo de entender el cine, la música y el cuerpo en escena. Con ella se corre el telón de una época donde la imagen todavía tenía peso simbólico y la provocación no estaba mediada por el cálculo.
Bardot fue una figura que desbordó el encuadre. Su presencia organizó una sensibilidad que cruzó el cine europeo de posguerra, la industria musical francesa y una idea de libertad que hoy resulta difícil de traducir. No fue solo actriz ni solo cantante: fue un punto de contacto entre lenguajes, una imagen que circuló antes de que la circulación se volviera regla.
En el cine, su cuerpo funcionó como territorio de disputa. Bajo la dirección de Roger Vadim, Jean-Luc Godard o Louis Malle, Bardot encarnó una ruptura con la representación femenina heredada. No interpretaba personajes: tensionaba el dispositivo. La cámara no la contenía, apenas la seguía. Allí radica buena parte de su impacto histórico.
La música amplificó esa presencia. El diálogo artístico y afectivo con Serge Gainsbourg dejó canciones que condensaron una época donde el pop todavía era experimentación y riesgo. Esos temas hoy suenan como registro sonoro de un tiempo en el que la intimidad podía volverse escándalo sin pasar por el filtro del marketing.
Con Bardot se apagan también las constelaciones que la rodearon: Jane Birkin, Anna Karina, Monica Vitti. No como suma de nombres, sino como sistema cultural. Un cine de cafés, cinematecas y discusiones estéticas que hoy sobrevive más como cita que como práctica.
El cierre de esta era no admite nostalgia ingenua. No se trata de idealizar el pasado, sino de reconocer que ciertas condiciones ya no están disponibles: otra relación con el tiempo, con el deseo, con la imagen. Bardot fue posible en ese contexto. Su figura no se replica porque el sistema que la produjo ya no existe.
Quedan las películas. No como monumentos, sino como experiencia viva. Allí, Brigitte Bardot sigue presente, ajena a la lógica del archivo infinito, resistiendo desde la materialidad del cine.
Cinco películas para volver a Brigitte Bardot
Y Dios creó a la mujer (Et Dieu créa la femme, 1956), de Roger Vadim
El desprecio (Le Mépris, 1963), de Jean-Luc Godard
Viva María! (1965), de Louis Malle
Si Don Juan fuese mujer (Don Juan ou Si Don Juan était une femme..., 1973), de Roger Vadim
Historias extraordinarias (Histoires extraordinaires, 1968), de Federico Fellini, Louis Malle, Roger Vadim