2025-11-19

Festival de Cine de Huelva 2025

Crítica de "Un mundo para mí": decisiones, cuerpos e incertidumbre familiar

La llegada del primer hijo transforma la vida de una pareja joven y abre un territorio de dudas. Sobre este punto se construye Un mundo para mí, la película mexicana de Alejandro Zuno que compite en el Festival de Huelva por el Colón de Oro. Desde su inicio, el film combina imágenes, sensaciones y preguntas que se entrelazan con la experiencia íntima de sus protagonistas.

La película abre con un mar en movimiento, un niño de espaldas y una mujer que lo llama desde la distancia. Ese grito, que no obtiene respuesta, funciona como señal previa a un despertar inquieto. La escena deriva a la habitación de una pareja que transita las semanas previas al nacimiento de su hijo. Un estudio médico altera la espera: el bajo nivel de líquido amniótico obliga a adelantar el parto. Esa instancia vuelve a vincular lo real con las imágenes del niño en la orilla y el mar.

Luego del nacimiento llega la información que modifica el equilibrio emocional de María y Nicolás: el bebé presenta ambigüedad genital, por lo que deberá entrar en un proceso de observación clínica. A partir de ese momento, ambos se ven inmersos en una serie de entrevistas médicas que plantean posiciones diversas y muchas veces en conflicto. La pareja busca información por fuera del consultorio y entra en contacto con personas que atravesaron experiencias similares, cada una desde perspectivas distintas.

Esa búsqueda revela teorías, recomendaciones y advertencias que no siempre convergen. El entorno familiar y amistoso también se ve involucrado en ese proceso, que se convierte en un mapa de dudas en el que cada paso exige reflexión. Aunque el punto de partida podría sugerir una historia centrada en lo médico, la película trabaja su contenido desde un costado humano que interpela a cualquier espectador atento a los dilemas de la vida contemporánea.

El relato se organiza en bloques temporales marcados por meses que se suceden sobre un fondo negro. Esa estructura acompaña un desarrollo que combina observación íntima, tensiones emocionales, decisiones éticas y preguntas sobre la construcción de un futuro posible para el bebé. La puesta en escena dialoga con la narración desde un uso preciso de la luz de Ximena Amanny y la música de Andrés Sánchez Maher y Andrés Reyes, que articulan un clima sostenido.

El elenco aparece en absoluta sintonía con la propuesta: Mayra Hermosillo y Andrés Delgado sostienen los roles centrales, pero la película encuentra un punto alto en la declaración final del personaje interpretado por Silvia Navarro, que introduce una mirada que complejiza el debate sin clausurarlo. Las participaciones de Gerardo Trejoluna, Carmen Beato, Nova Coronel, Nora Huerta, Miriam Bravo, Sonia Couch, Gracia Rico, Fabrizio Santini, Gabriel Nuncio, Martha Claudia Moreno, Everardo Azate, Mauricio Rico y Roberto Fiesco aportan matices desde gestos mínimos y presencias que acompañan la travesía emocional de la pareja.

Zuno articula contrastes constantes —intervención médica y proceso natural, masculinidades y feminidades asumidas, mente y cuerpo— que se integran en una trama donde las palabras conviven con silencios, y donde la danza —oficio de María— emerge como forma de expresión y reflexión. La imagen del ventilador sobre la cabeza de Nico funciona como síntesis de su tensión interior. Todo se ordena en función de un interrogante que atraviesa la película: cómo acompañar a un hijo cuando el propio sentido de lo establecido se pone en duda.

Un mundo para mí (2025) es una obra que observa a sus personajes con atención y los acompaña en un aprendizaje que involucra cuerpo, identidad y maternidades y paternidades contemporáneas. Su fuerza radica en la humanidad con la que el relato invita a pensar aquello que sucede cuando una decisión familiar se convierte también en una decisión sobre el mundo.

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