2025-11-07

Gaumont

Crítica de "Mala sangre": Gisela Sánchez y el retrato íntimo de una familia fracturada

Mala sangre (2025) se abre con el regreso de Lucas, un joven que después de un largo confinamiento intenta reinsertarse en una ciudad que ya no le pertenece. El espacio urbano, con sus calles familiares y sus rostros ausentes, funciona como un espejo de la fractura interna que lo habita. Volver implica enfrentarse a los otros, pero también a uno mismo. La directora convierte ese movimiento en un relato de introspección: el regreso de un hijo que intenta reconstruir los lazos de una familia desmembrada, donde Leonor, la matriarca, ocupa el centro emocional del relato.

La narración se teje con fragmentos dispersos, registros domésticos y entrevistas actuales que se cruzan como si fueran piezas de una memoria colectiva. Leonor habla desde el presente, pero su voz parece venir del pasado, sosteniendo la historia familiar sobre un territorio de silencios. En ese tránsito, el material de archivo se convierte en un lenguaje en sí mismo, una textura visual que no busca la nostalgia sino el contraste: entre la imagen que permanece y el recuerdo que se desvanece. Cada plano recuperado, cada conversación íntima, deja ver cómo el tiempo distorsiona tanto los afectos como las certezas.

Lucas camina por la ciudad como quien explora un territorio nuevo. Su relato sobre el consumo, la soledad y la búsqueda de sentido no se instala en la culpa, sino en el esfuerzo por reconstruir una identidad posible. A través de él, la película aborda los mecanismos de exclusión y la mirada social que condena al que cae. Su cuerpo, sus gestos, sus palabras, funcionan como huellas de una experiencia que no se puede borrar, solo narrar.

En su conjunto, Mala sangre se erige como una obra sobre la aceptación y el perdón, pero también sobre los límites de ambos. Desde su tono observacional y su estructura fragmentaria, la película expone la fragilidad de los vínculos y la necesidad de reescribir la historia familiar para poder seguir adelante. Más que un cierre, ofrece una pausa: un espacio donde los personajes, y con ellos los espectadores, pueden pensar qué significa realmente volver.

Te puede interesar