Netflix
Crítica de “Sonríe 2”: La maldición de la sonrisa con más gore y menos sorpresa
Sonríe 2 (Smile 2, 2024), dirigida nuevamente por Parker Finn, retoma el concepto de maldición introducido en su antecesora, pero esta vez desde una perspectiva distinta: la presión y el trauma de la fama. La historia sigue a Skye Riley (Naomi Scott), una estrella pop con un pasado turbulento, sumida en adicciones y marcada por la reciente pérdida de su pareja. La maldición de la sonrisa se cruza en su camino cuando su dealer, antes de morir, se la transfiere, llevando a Skye por un descenso frenético hacia la locura.
Hay elementos interesantes como la distorsión de la realidad, en un intento de entrelazar los demonios internos de la protagonista con los horrores externos de la maldición. Sin embargo, la película no profundiza en estos aspectos y termina siendo un vehículo para sustos superficiales, algo que se refuerza con una estructura repetitiva. El film se siente estirado de forma innecesaria, con más de dos horas de duración que no aportan nada nuevo al universo ni a la trama.
La maldición de la sonrisa, que en la primera entrega funcionaba, aquí pierde su frescura, volviéndose predecible. Sonríe 2 ofrece algunas secuencias bien logradas, como la inquietante escena de los espejos, pero no son suficientes para sostener el ritmo ni mantener el interés.
Uno de los puntos altos es cómo refleja las presiones sobre las estrellas del pop, obligadas a proyectar una imagen de felicidad constante. Skye Riley, atrapada en su mundo de giras y sonrisas forzadas, encuentra en la maldición una metáfora de las máscaras que debe llevar para sobrevivir en la industria musical.
La participación de Ray Nicholson aporta un toque extra de locura a la historia. Su presencia, que recuerda los rasgos más perturbadores de su famoso padre, Jack Nicholson, es uno de los pocos aspectos destacados del reparto.
Sonríe 2 se limita a usar el terror como una herramienta de entretenimiento pasajero, sin profundizar en las capas psicológicas de la protagonista o en las implicaciones sociales de la sonrisa en la cultura contemporánea. Su impacto es efímero, quedando lejos de convertirse en un buen exponente dentro del terror psicológico.